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La Iglesia española condena la piratería, un «pecado» contra el séptimo mandamiento

cine La Iglesia española condena la piratería, un «pecado» contra el séptimo mandamiento

La Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social pide educación en el uso de internet

Día 03/05/2016 - 20.48h

Los obispos españoles animan a no cometer el pecado de la piratería a «los católicos y todas las personas que actúan según la recta conciencia, especialmente jóvenes y educadores, y piden no piratear porque esta actividad pone en peligro la expresión cultural e impide una justa recompensa a la industria del cine».

Así lo pone de manifiesto en un documento de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social (CEMCS), que ha hecho público este martes, 3 de mayo, bajo el título «La piratería en el cine. Una mirada desde la Doctrina Social de la Iglesia», en el marco de la La Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales que se celebra el próximo domingo, 8 de mayo.

El texto, en el que los prelados subrayan «el gran valor» que tiene el cine, constata «una cierta indiferencia moral, cuando no una clara justificación, ante el hecho tan extendido de la piratería audiovisual, que impide a toda la industria del cine recibir la justa recompensa que es consecuencia de su actividad».

El cine, valioso para la evangelización

De este modo, la Iglesia española define el cine como «un medio de comunicación de gran valor para la difusión de la cultura, el primero de los llamados de comunicación de masas, y como una nueva herramienta valiosa también para la evangelización».

También reconoce que las nuevas tecnologías están permitiendo que el cine llegue a más personas. No obstante, alertan de que «sin una pertinente educación moral, esta difusión puede lesionar los legítimos derechos e intereses de un amplísimo número de profesionales que trabajan en la industria del cine».

«Así ocurre ?puntualizan? cuando las creaciones audiovisuales se ponen a libre disposición, fundamentalmente a través de internet, al margen del cauce de distribución previsto por los productores, o cuando se elaboran copias de la película para la venta en mercadillos o por las calles», una actividad que además, a su juicio, tiene especial gravedad «cuando en su origen está el hurto de una copia de la obra, lo que implicaría un doble acto delictivo».

Defensa de la propiedad intelectual

De este modo, alerta sobre la extensión de la piratería, que «está llegando incluso a poner en peligro la continuidad de esta expresión cultural tan valiosa para la difusión de ideas en beneficio de las personas». En este punto, defiende que el legítimo derecho a la propiedad alcanza también a los bienes intelectuales y culturales, y precisa que «la dimensión social de estos bienes intelectuales y culturales es más evidente ya que se refieren a una actividad creativa que renueva a la sociedad y le hace progresar cuando atiende a sus verdaderos fines, más que una mera actividad productiva».

Para la CEMCS, el origen de la indiferencia ante la piratería está en un «grave desconocimiento de la doctrina social de la Iglesia en este campo, y a menudo, una búsqueda de argumentos abstractos y parciales que difuminan la responsabilidad personal apoyados en una impunidad de facto». Además, advierte de que la «piratería es un agravante en el contexto de dificultades económicas que vive la industria del cine».

La CEMCS agrupa en dos categorías las actividades que se desarrollan en el marco de esta industria: las que están ligadas al proceso creativo y las ligadas a la difusión de la obra, sector al que le afecta fundamentalmente la piratería pues «impide la obtención del beneficio legítimo».

El cine debe adaptarse como la música

Paralelamente, los obispos españoles señalan que la industria del cine tiene que hacer un esfuerzo de adaptación a la nueva situación tecnológica a la hora de crear y difundir la obra creada, como realizó la industria musical ante un entorno similar, una adaptación que, a su juicio, no elimina el principio fundamental de que «las obras artísticas generan una serie de derechos en sus creadores, productores intérpretes, distribuidores, exhibidores, etc. que deben ser satisfechos». De hecho, recuerdan que las obras cinematográficas generan al autor un derecho moral y legal.

«No robarás y no codiciaras bienes ajenos»

Así, en opinión de la Iglesia española, la piratería «merece una triple consideración social». En primer lugar, indica que incurre en un pecado contra el séptimo mandamiento de la Ley de Dios: «No robarás», tal y como recoge el Catecismo; en segundo lugar, denuncia que atenta contra el bien común y facilita la alienación social al «dañar un cauce por el que pueden fluir las mejores ideas para el desarrollo social»; y en tercer lugar, añade que la piratería también atenta contra el décimo mandamiento: «No codiciarás los bienes ajenos».

Finalmente, los obispos muestran su esperanza de que «el fenómeno de la piratería en el mundo del cine disminuya hasta desaparecer, como fruto de una reflexión madura de personas sensibles al auténtico valor del cine y al bien común de toda la sociedad».

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