ABC.es

HoyCinema

patrocinado por .
Cannes, un festival marcado por la Historia: las guerras e hitos que lo «secuestraron»

Cannes, un festival marcado por la Historia: las guerras e hitos que lo «secuestraron»

Se inauguró el 1 de septiembre de 1939, pero un día después se canceló por el estallido de la IIGM; volvió a interrumpirse por las revueltas de mayo del 68 y, ahora, se blinda ante la amenaza terrorista con los atentados en la capital gala todavía recientes

Día 11/05/2016 - 07.26h

Desde sus orígenes el Festival de Cannes impuso su rebeldía, y se constituyó como un festival marcado por la Historia, «secuestrado» incluso por ella.

Mientras Europa proyectaba sus sombras en las pantallas de certámenes como el de Venecia, siempre bajo el yugo y la atenta mirada de un controlador Mussolini, crecía en críticos y cineastas franceses el sentimiento de construir un evento propio.

La Segunda Guerra Mundial planeaba ya sobre el imaginario colectivo del Viejo Continente, y los certámenes no tuvieron más remedio que elegir bando. Las películas italianas y alemanas se asentaron como las predilectas, y los fallos del jurado bailaron al son del «Duce» y de Hitler, convirtiéndose en sentencias que marcarían la trayectoria del séptimo arte en Europa.

Cuando la Biennale omitió a la favorita, «La gran ilusión» de Jean Renoir, en 1938 para entregar exaequo su gran premio (Copa Mussolini) al filme de la directora Leni Riefenstahl («Olympia») y a Goffredo Alessandrini por «Luciano Serra pilota», la farsa se hizo evidente. Los festivales silenciaban las decisiones que atendían a criterios profesionales, convirtiéndose en meros vehículos propagandísticos.

El sentimiento de revancha germinó en los franceses que participaron en el certamen, contrarios a sus dictados. Críticos y cineastas galos pidieron entonces al Gobierno que sufragase un festival internacional de cine en el país, uno en el que no tuviesen cabida ni los sesgos ni el miedo a la represión política. De ese sentimiento de impotencia nacería lo que hoy se conoce como Cannes.

Cancelado por la IIGM

Pero la metralla se cruzó en su camino, y terminó con el neonato Festival International du Film. El certamen de la Costa Azul se inauguró el 1 de septiembre de 1939, y tan solo un día después cerró sus puertas al talento internacional y apolítico: había estallado la Segunda Guerra Mundial.

Un año después del final del segundo gran conflicto armado de Europa en menos de un siglo, Cannes acogió la primera edición del certamen que estaba llamado a ser una referencia en la industria. En tan solo una década se consolidó como tal y cambió septiembre por abril. Con el buen tiempo, llegaron el destape y la sensualidad. Los posados de Brigitte Bardot y el abrazo con el que Robert Mitchum cubrió el torpe topless de la actriz Simone Silva pusieron la alfombra roja de la Costa Azul sobre el mapa, constituyéndolo, junto obras memorables de la gran pantalla, como uno de los principales eventos cinematográficos del año.

Un festival con gafe

Pese al talento internacional (y de marcado acento francés) que competía por la Palma de Oro, el de Cannes era un festival gafado.

En los 60 confluirían en el trono galo eminencias del séptimo arte como Federico Fellini y Luis Buñuel y la primera mujer en presidir el jurado, Olivia de Havilland, pero antes de terminar la década otro violento altercado cortaría el incansable impulso que había tomado el certamen.

La cadena de protestas de mayo del 68 sacudía Francia, y dos pesos pesados del país y de la industria, François Truffaut y Jean-Luc Godard (homenajeado este año en el cartel del festival, que protagoniza un fotograma de su filme «El desprecio») exigieron que el evento se cancelase en señal de solidaridad con unas revueltas vinculadas al movimiento hippie que imperaba en la época y que provocaron, según 'Revolucionarios: Ensayos contemporáneos', de Eric Hobsbawm, «la mayor huelga general de la historia de Francia, secundada por más de nueve millones de personas».

Esas protestas hicieron mella en el festival, que, tras su interrupción, incorporó a partir del año siguiente la sección paralela Quincena de Realizadores, con ánimo de rechazar cualquier tipo de censura política.

Los aires cambiaban, y el Nuevo Hollywood llegó para quedarse. A partir de los 70, los estadounidenses se asentaron al otro lado del charco pese a la presencia nacional por la que siempre ha apostado Cannes. Una nueva guerra, la de Vietnam (que empezaba a calar hondo en los americanos y en los mensajes de sus cintas) y «palmas» memorables llegaron a la Croisette. La generación que renovó el cine americano se impuso al resto, y se hicieron con el cotizado galardón Altman («M*A*S*H»), por partida doble Coppola («La conversación» y «Apocalypse Now») o Scorsese («Taxi driver»), que este año no aparecerá por la Costa Azul con su nueva película «Silencio».

Un evento seducido por el lujo de la élite

Lujo, arte y moda. Las grandes estrellas mundiales eligieron la alfombra roja francesa para desfilar sus mejores galas, joyas y películas. El festival empezó a constituirse como la antesala de los grandes premios de la industria, pese a su clara vocación por diferenciarse de los más comerciales Oscar.

Después de que varias Palmas de Oro hayan pasado discretamente por el mercado de las salas de cine y por las temporadas de premios, el peso del certamen comenzó a ser cuestionado. Pero a Cannes siempre le quedará la reputación de haberse hecho a sí mismo, con ostentación, pero también mucho mérito.

Otra amenaza en la sombra

Nuevos tiempos, nuevas amenazas. Mientras el certamen se adapta a ellos, también se blinda para convertirse en un fortín seguro para todos los grandes nombres que durante los 12 días de duración merodearán por la Croisette.

Con los atentados del pasado 13 de noviembre todavía en la memoria, Cannes permanece atenta al cine, pero mirando de reojo la amenaza terrorista. Las sesiones de gala serán una «burbuja impenetrable», como han declarado fuentes de la organización a 'The Wrap'. El ministro de Interior francés ratificó las palabras de los artífices del festival, asegurando que «varios centenares de policías activos, incluyendo escuadrones de artificieros, y 400 vigilantes privados» garantizarán la seguridad en el evento.

Pero el terror gestado por los yihadistas en la capital gala ha terminado afectando al cine, aunque de soslayo. Finalmente, el miedo ha terminado «secuestrando» la Quincena de Realizadores, nacida para evitar censuras, que ha tenido que someterse a ellas y eliminar algunos de sus pases nocturnos.

Comentarios