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El cine directo de Jodie Foster y el cine adoquín del rumano Puiu
Jodie Foster (izquierda) y Julia Roberts, en el Festival de Cannes

El cine directo de Jodie Foster y el cine adoquín del rumano Puiu

«Money Monster» y «Sieranevada» son dos de las películas destacadas del Festival de Cannes

Día 13/05/2016 - 10.08h

Comenzó la sección oficial del Festival de Cannes con dos títulos importantes a competición, el rumano «Sieranevada», de Cristi Puiu, y el francés «Rester vertical», de Alain Giraudie, aunque de ambos fue diluyéndose la importancia como las manchas de una camisa en un anuncio de detergente; aunque, para ser sinceros, la película del rumano Puiu, un adoquín que se te cae en el pie desde la primera secuencia (y dura casi tres horas), era de las que pasaban de inmediato al pedestal ante el que hinca la rodilla un cierto tipo de crítica.

Pero, antes de meternos en el berenjenal de hablar de ellas, se le deja paso al título estrella del día, «Money Monster», que no compite por la Palma, que lo ha dirigido Jodie Foster y que es un thriller entre periodístico, de conspiración bursátil y con ínfulas de telerrealidad protagonizado por George Clooney y Julia Roberts. La trama transcurre en tiempo real, durante la transmisión en directo de un programa de información financiera y mientras su presentador (Clooney) es utilizado de rehén, con chaleco explosivo, por un ciudadano enfurecido por haber perdido todo su dinero siguiendo los consejos que pregona desde la tele entre bailoteos y chuminadas. Foster construye una de esas intrigas en las que no sobra ni un minuto, con un montaje como de estar batiendo huevos que te mantiene tan en tensión como un galgo en su cajonera, y aunque el desarrollo no llega a ningún lugar imprevisto, la película deja una impresión clara y rotunda sobre el músculo de la televisión y las prácticas perversas en el mundo financiero. Clooney mueve a la perfección el cuerpo y el alma de Lee Gates, su personaje, un figurón que encuentra el camino entre la trivialidad y la decencia, y Julia Roberts entiende su papel de detrás de la cámara (es la realizadora) y parece conformarse con su segundo plano y un par de momentos.

Tres horas de filme

Y justo en los antípodas de este cine en tromba de Jodie Foster, está el que presentó a competición el rumano Cristi Puiu, nombre clave del pujante cine de su país, y que trae ese movimiento de cadenita para hipnotizar jurados de festival. «Sieranevada» no tiene la menor posibilidad de defenderse en una sala con taquilla de pago, pero es un ejemplo magnífico de película de Palmares: de entrada, arranca con un plano secuencia de un cuarto de hora sin mayor utilidad en la historia que la de extasiarte o ponerte de los nervios, según el título de tu carnet de crítico: «riguroso» o «no riguroso»; luego otros diez minutos de créditos sobre fondo negro, y a continuación una larguísima secuencia en el interior de un coche escuchando las cosillas entre ellos de un matrimonio sin mayor interés. Y empieza, a la media hora de nada, la supertrama en el interior de una casa, con la cámara en el pasillo que, sin dejar de respirar, muestra idas, venidas, discusiones, chaladuras y nimiedades de una familia que está esperando a un cura ortodoxo? En fin, todo eso con Berlanga y con Azcona alcanzaba el grado de genialidad, pero para encontrarle alguna gracia a este vulgar retrato social con ínfulas de lenguaje hay que ser muy, muy buena persona? Todo es puro tópico con disfraz: las opiniones y las teorías conspirativas de los atentados islamistas, la perdida nueva generación, la vieja comunista que masculla su nostalgia, ese desprecio entre cuñados?, y mucha cámara presumiendo, mucho abre y cierra de puertas, pasillo y más pasillo durante un cargamento de minutos. En fin, que hay que ir al cine a ver esto, porque fuera, en la vida real, nadie aguantaría ni atado todo ese berenjenal inane en su propia casa.

La película francesa «Rester vertical» traía cierta cola, pues su director, Alain Giraudie, consiguió situarse entre los favoritos de la crítica con su thriller erótico homosexual «El desconocido del lago». A saber dónde quedara colocado ahora con esta delirante historia sobre un guionista, sus relaciones sexuales en plano corto con una pastora, con un anciano moribundo, con el padre de la pastora, que tiene «dedos de Porki», y todo ese recorrido vital con un bebe (fruto de sus relaciones pastoriles y visto nacer por la cámara a la misma distancia que las manos de la comadrona) que le y nos lleva a exactamente ninguna parte. Hay tantos momentos ridículos, que no queda otro remedio que descartarlo como drama y considerarlo una comedia, y no de las buenas.

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