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«Espías desde el cielo»: Muerte a la carta desde los despachos

Es tiempo de otra guerra, de una nueva guerra donde los muertos son siempre del rival, sin peligro, sin bajas, sin riesgo... ¿O sí hay riesgo?

Día 13/05/2016 - 10.03h

Los duros marines se aburren, los Seal, lo s Delta y los Ranger también. Deben verse como Jake Gyllenhaal en aquella tremenda película de Sam Mendes, «Jarhead», en la que unos francotiradores se volvían a casa frustrados y casi locos porque no solo no habían podido matar a nadie en la guerra del Golfo, sino que no habían podido disparar una sola bala. Corren malos tiempos para los chicos rudos de tierra. La tecnología les está quitando la tarea y ahora son los drones teledirigidos, sin presencia humana directa, los que se encargan de los objetivos. Es tiempo de otra guerra, de una nueva guerra donde los muertos son siempre del rival, sin peligro, sin bajas, sin riesgo... ¿O sí hay riesgo?

Eso es lo que se planteó el director de «Espías desde el cielo», Gavin Hood ,después de hacer «Expediente Anwar»: «Había hecho una película sobre actuaciones militares y siempre había intentado mantenerme al tanto de lo que pasaba con las fuerzas armadas estadounidenses. Sin embargo, nunca había profundizado en lo que era la muerte dirigida».

Hood leyó el guión de Guy Hibbert, quien se había dado cuenta de que los drones y la guerra por ordenador iban a cobrar una gran actualidad en el futuro próximo. Hibbert pensó: «Vaya, no hay nadie escribiendo sobre esto, así que vamos a examinarlo». El guionista visitó una feria de armamento en París y recuerda que «había drones por todas partes porque los fabricantes de armas habían sacado material nuevo. Hablé con los militares y dijeron que nunca había habido un debate público sobre este tipo de guerra».

Cadena de muerte

Fue así como nació la idea de crear una diatriba sobre el uso de los drones y sus consecuencias éticas derivadas de su maniobrabilidad a distancia y también de los daños colaterales que pudieran producir. La situación se desarrolla en Kenia. Jefes militares estadounidenses y británicos tienen la oportunidad de matar a distancia a un objetivo terrorista clave, una inglesa conversa y sospechosa de terrorismo.

El relato se centra en los hombres y mujeres sobre el terreno, que se encargan de seguirle el rastro a la terrorista, así como en el personal de Kenia, Reino Unido y EE.UU., incluidos militares de alto rango y figuras políticas, junto con el piloto del dron y su equipo. Juntos, estas figuras forman la «cadena de muerte», una estructura de ataque que coordina la identificación de objetivos y la fuerza concreta que se envía para eliminar el correspondiente blanco. También incluye a todos aquellos que discuten y dan las órdenes para atacar el objetivo, y a aquellos finalmente responsables de ejecutar la destrucción del propio blanco.

Hibbert señala que «a lo largo de siglos de guerra, el general sobre el terreno siempre ha sido el responsable de la decisión de si disparar o no disparar. Con la guerra informatizada, ahora se envían imágenes a los escritorios de todo el mundo y un montón de personas distintas quieren tener algo que aportar. Esto plantea preguntas como ¿quién tiene el poder para tomar esa decisión, para pulsar ese botón? ¿Son los políticos, el general de Londres, el general de Estados Unidos, o el comandante en Kenia? La gente que está a punto de morir incluye a un keniata, dos británicos y un estadounidense, así que, ¿quién toma la decisión?». Y luego están los daños colaterales, que también hay que valorar desde la distancia.

Con todo esto el casting cobró gran importancia. Hood afirma que «Helen Mirren fue vital. Se puede cuestionar si una mujer apretaría el botón pero todo el mundo sabe que Mirren es duro de pelar y lo que haga lo hará con sinceridad y y conciencia.

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