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«X-Men:Apocalipsis»: crónica de un planeta de rodaje estremecedor

«X-Men:Apocalipsis»: crónica de un planeta de rodaje estremecedor

La cinta se filmó, entre otros escenarios, en una infraestructura de siete platós que en conjunto abarcaban una extensión de 11.000 metros cuadrados, transformando cada uno de ellos a requerimiento de producción

Día 20/05/2016 - 06.33h

Crear un universo paralelo que representase el mundo de Apocalipsis no resultó una tarea fácil. Se requirió mucho tiempo y, sobre todo, mucho dinero. Se invirtió una gran cantidad de ambas cosas tanto en las recreaciones de los escenarios como en maquillaje y vestuario. Para lo primero Bryan Singer llevó a su equipo a unas instalaciones de más de diez hectáreas de extensión que estaban en la Isla de Montreal. Montó una infraestructura de siete platós que en conjunto abarcaban una extensión de 11.000 metros cuadrados, transformando cada uno de ellos a requerimiento de producción que, además, ocuparon localizaciones en áreas industriales, un viejo centro comercial, un teatro abandonado y una cabaña en el bosque.

Como la película se mueve alternativamente en diversos países y también en diferentes épocas, el director de fotografía, Newton Thomas Siegel, decidió adaptar cada escenario a un color. Así, el Oriente Medio (tanto el antiguo como el moderno Egipto) debía tener una tonalidad de arena dorada que provocara la sensación de calor, arena y mucha aridez. En el antiguo Egipto mantuvieron la luz del sol filtrando a la pirámide y la mezclaron con llamas, fuego y el mismo tipo de lámparas de aceite que emplearon los egipcios hace cuatro mil años. En el nuevo Egipto, sin embargo, se optó por una mezcolanza de color y luz.

Crear para destruir

Aunque hubo un total de 70 sets para la película, lo que más preocupaba a Singer era ser fiel al antiguo Egipto y no cometer errores en lo que era el comienzo de la película que daba pie a toda la trama. Así pues el director recurrió a un egiptólogo que les aconsejó en temas tan complejos como qué dioses se podían relacionar con cada uno de los Jinetes, cómo representarlos e incluso qué animales podían ajustarse a sus colores. El egiptólogo le proporcionó jeroglíficos, frases que reflejaban la historia, así como elementos para decorar el templo. El set del mismo incluía también cuatro gigantescas estatuas. Según el diseñador de producción, Gran Major, «todos los jeroglíficos los hicimos a mano en un formato más pequeño y luego se calcaron. Después se montaron con una máquina en forma de línea trazada sobre planchas de poliestireno extruido, de manera que nuestros escultores tuvieran un punto de referencia. Contábamos con un equipo grande, trabajando durante meses, sin parar, en paneles de espuma, esculpiendo y enyesando, antes de que los pintores les relevaran».

El director artístico, Michele Laliberté dice que las grandes escenas de destrucción de esta película la distinguen de sus predecesoras. «El desafío de una trama apocalíptica era hacer todo muy hermoso y luego destruirlo», explica. Major encontró dentro de los límites de la ciudad de Montreal una vieja fábrica a punto de ser demolida. «Demolimos literalmente los edificios y el paisaje circundante, y construimos capa tras capa unos entornos destruidos», dice Major.

En el caso de la Mansión-X, Major heredó la obra artística del diseñador de producción John Myhre, que la había construido para la película original «X-Men» y para «X-Men: días del futuro pasado». Singer quería una mansión todavía más grande, así que Major incorporó una biblioteca de dos plantas, una sala de estudiantes, habitaciones, baños y varios tramos de pasillo conectando entre sí. El set se dividió en diferentes pisos y se recrearon dos escenarios completos en los estudios Mel?s, donde una pared que separaba los dos escenarios debía ser echada abajo para albergar la enorme mansión. Es el set de la Mansión-X más grande hasta el momento, construido con el estilo arquitectónico que Myhre había establecido.

La caracterización de los personajes sí que fue un reto tremendo. El villano, interpretado por el siempre versátil y eficiente Oscar Isaac tuvo que enfrentarse a tres horas y media de maquillaje porque transformarse en Apocalipsis requería una prótesis para la frente, otra para la nariz y mejillas, otra para mandíbula y mentón, un accesorio para la cabeza, una prótesis para el cuello e incluso un casco. Además, el traje estaba compuesto por veinte piezas para que «pareciera épico sobre el cuerpo de un hombre normal».

Calor a raudales

En el clima cálido y húmedo del verano de Montreal, Isaac las pasó moradas, así que intentaron mantenerlo fresco con un sistema de refrigeración similar al que usan los pilotos de carrera. Conectaban al actor a agua helada siempre que no estaba rodando para mantenerlo a una temperatura confortable.

También James McAvoy se rapó la cabeza y en el proceso llamó a su predecesor, Patrick Stewart, por vídeollamada para que viera como se quedaba sin su media melena, a modo de homenaje, algo que Stewart agradeció. Por supuesto, a Michael Fassbender ni le tocaron. Sus incontables fans femeninos no lo hubiesen permitido.

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