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Cannes: un intenso Farhadi y un retorcido Verhoeven cierran la competición por la Palma de Oro

Cannes: un intenso Farhadi y un retorcido Verhoeven cierran la competición por la Palma de Oro

La iraní «Le client» se hace un hueco entre las favoritas y la turbia «Elle» no tiene rival para el premio de la más enlodada y amoral

Día 22/05/2016 - 01.25h

Las dos últimas películas de la competición de esta 69 edición del Festival de Cannes estaban programadas con esa cierta malicia ya vista otros años: ¿os habíais relajado?, ¿creíais que la cosa ya estaba hecha?, ¿hecha también la maleta?..., pues tomad, ahí va una descarga inesperada, «Le client», del iraní Asghar Farhadi, tan bueno o más como lo mejor que se ha visto este año, y «Elle», de Paul Verhoeven, sin duda lo más retorcido, cochinote, fullero y cruelmente divertido del programa. Hala, a deshacer las previsiones, o al menos a hacerles un boquete por el que meter esto. Y tanto Farhadi como Verhoeven ofrecen en sus films una mirada tan áspera como discordante de una agresión sexual.

Primero lo serio, ese exprimidor de los detalles que es Farhadi (qué buenas películas hace siempre, «A propósito de Elly», «Nader y Simin, una separación», «El pasado»), que con una mano pone en escena «La muerte de un viajante» y con la otra, y en primer plano, todo el proceso degenerativo de un hombre sólido, con un matrimonio sólido, cuando un grave suceso conmociona a su esposa y la solidez moral de su mundo (es atacada en su casa, tal vez sexualmente, por alguien desconocido que huye). Teatro al fondo, realidad en primer plano, la censura, la presión religiosa, las inmoldeables cuestiones de honor?, todo ello enjaulado y domesticado por las precisas interpretaciones de su pareja protagonista, y alrededores. La dosificación de la intriga, del paulatino cambio y revelación de la moral y el sentido de lo honroso de los personajes es un arte que domina Farhadi con brillantez, y va dejando miguitas en la trama, en el relato, que hay que ir paladeando para no perderse en la espesura de ese bosque. Es tan buena «Le client» que es de esas obras que no dudas ni un instante que la segunda vez que la veas será aún mejor. Igual hasta el jurado se percata de ello.

Con Verhoeven, la sutileza tiene otras formas, y no está cosida por dentro, como la de Farhadi, sino por fuera: Verhoeven pespuntea, hilvana. Arranca «Elle» con una secuencia brutal en la que un enmascarado agrede y viola a Isabelle Huppert, y a partir de ahí las coordenadas lógicas sufren un trombo, pues ya tenemos víctima y tenemos verdugo. Ja. El personaje que compone Huppert no cabe en un «tupper» del tamaño previsto, y se sale y rebosa por todos lados, pues no en vano es la hija de un terrible asesino múltiple encarcelado cuando aún era ella niña, y es la madre de un joven ceporro indefenso, y la dueña de una empresa de creación de vídeojuegos, y es maliciosa y tiene más ángulos que un cuadro de Mondrian, y un sentido del humor astuto y malvado que dispara en cada escena llenándola de balazos. Huppert y su enorme capacidad de ser borde están estupendas, y no le permiten a la película de Verhoeven ni un momento de calma, de previsión o de lógica. Pero en ese ambiente embarrado, Verhoeven es imbatible.

Horas antes de que el jurado que preside Georges Miller decida qué y con qué importancia mete en el Palmarés de este año, la cosa podría decirse que está muy clara. Los títulos con más empaque del concurso por la Palma de Oro son el de Jim Jarmusch, «Paterson»; el de Maren Ade, «Toni Eerdmann», y el de Asghar Farhadi, «Le client»? Y deberían de encontrar acomodo películas como «Moi, Daniel Blake»; «Baccalauréat», de Cristian Mungiu; «Aquarius», de Kleber Mendonça, y «Ma`Rosa», de Brillante Mendoza. Y de entre las muchas grandes interpretaciones femeninas está, claro, la de Isabelle Huppert, la de Sonia Braga, Sandra Hüller (la alemana de «Toni Erdmann»), Ruth Negga (por «Loving», de Jeff Nichols) y Emma Suárez por la película de Almodóvar. En cuanto a las interpretaciones masculinas dejaré que elija y se equivoque el jurado. Pero todo esto tiene sentido siempre y cuando el jurado no se haya dejado impresionar por aquella película de Cristian Puiu, «Sieranevada», que tiene todos los ingredientes, incluido el de la pesadez del vacío, que tan tentadores son para cualquiera que pretenda darse importancia, y más si es jurado de un festival.

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