ABC.es

HoyCinema

patrocinado por .
Helena Taberna: «Quien no tiene miedo a la muerte tiene el poder máximo»

Helena Taberna: «Quien no tiene miedo a la muerte tiene el poder máximo»

La cineasta navarra ha estrenado «Acantilado», una intriga con secta de por medio basada en una novela de Lucía Etxebarría

Día 07/06/2016 - 18.50h

La nueva película de Helena Taberna («Yoyes») utiliza a las sectas (por una vez son ellas las utilizadas) para abordar temas importantes como la soledad, las máscaras, la grisura existencial, la fragilidad de las personas,... y además de paso marcarse una película de intriga con el entretenimiento como objetivo prioritario en un paraje canario que apabulla de tanta belleza (eclipsando incluso a una tal Juana Acosta, Daniel Grao, Jon Kortajarena, Ingrid García Jonsson y Goya Toledo,... imaginen). ABC se reunió con la directora navarra para hablar de «Acantilado», que es como se llama la película, y que está basada en una novela de Lucía Etxebarría (que se llama, en este caso, «El contenido del silencio»).

- ¿Por qué le interesó este proyecto?

Estaba buscando adaptaciones literarias y me llegó el libro de Lucía, que me pareció muy hermoso y que hablaba del tema de las sectas. A mí me gusta hacer películas sobre temas que me producen curiosidad, aunque entonces vi también que era una novela difícilmente pasable al cine. E hice entonces una investigación con la policía de Las Palmas que pudiera permitirme hacer una trama policiaca para darle estructura narrativa al relato. Le dije a Lucía que me metería con libertad, sin intentar agradar a la autora. Es una mirada del director sobre esa novela, es mejor que la película vuele sola. Es mejor una buena película que se aleje de la novela que una mala película que sea fiel. Desde ese diálogo empezamos. Y hubo varios retos. Me apetecía utilizar el lenguaje cinematográfico de manera expresiva. El paisaje supe desde el principio que iba a ser uno de los protagonistas, quería hacer una película atmosférica. Y entonces empecé a volar sola con mis guionistas, aunque la novela al principio te hacía tener cierta servidumbre.

- ¿A Lucía Etxebarría le ha gustado?

Creo que la película le ha gustado, estuvo invitada en el estreno. Han sacado una nueva edición de la novela.

- ¿Qué hay de ti entonces en «Acantilado»?

Sé que mi implicación suele ser a nivel más inconsciente. Una cosa que me ha sorprendido es que en el primer corto que hice, que era experimental, una bailarina iba bordeando los acantilados de las Bardenas de Navarra. Era una especie de canto de libertad. Y De repente, la montadora me dijo que empiezo donde acabó «La buena nueva». Va a ser que me gusta el riesgo o la intensidad. Tiene que ver con la vida intensa, un anhelo de que la vida sea intensa. No hacer el paseo por la vida banal... que merezca la pena el esfuerzo. Y me pasa con el cine. Me supone mucho esfuerzo pero me compensa absolutamente, porque hago el cine que quiero. Con todo lo que me ha costado, tengo esa satisfacción y eso es impagable. Ahora solo me falta que los espectadores completen esa mirada de la manera abierta. Que entran en esa zozobra, que siguen transitando conmigo y mis personajes y se quedan sorprendidos con ese final que les lleva a otras digestiones más lentas que tiene la película.

- Va sobre sectas pero también sobre más cosas. Todos los personajes tienen carencias.

Buscan sin demasiada consciencia. No se presentan frágiles salvo Cordelia. Pero tienen su fragilidad. Habla de la identidad y de las máscaras. Yo creo que el acierto es que la palabra silencio, que formaba parte del título de la novela y que literariamente se ha llenado con tantas palabras, yo he puesto lo contrario en el cine. Lo he vaciado. En ese vaciado creo que es más fácil que así, con nuestra propia experiencia, lo completemos. Todos hemos tenido duelos de separaciones y comprendemos lo que está pasando. Y aquel silencio nos permite reflexionar sobre lo que está pasando y también sobre nuestra propia vida. Siempre había tenido la sensación de que la secta son los otros, los de los grupos políticos o religiosos, o las sectas al uso. A mí me interesaba que llevara a alguna reflexión. E incluso me gusta el que va solo a la sala y lo pasa bien.

- El acantilado es un precipicio en el que todos podemos caer.

Es uno de los avisos que hay quedar. Por muy perfecto que lo tengas todo, tus herramientas de protección a mano, con una vida como la del fiscal con su mujer, que igual no te apasiona, con el anhelo del gran puesto... Y de repente te llega una llamada y te levanta en el aire. Y te toca pasearte un ratito por el cuarto oscuro. No puedes planificarlo todo, no estás a salvo. A mí por ejemplo esa forma de suicidio del inicio de la película me lleva a los yihadistas: quien no teme a la muerte tiene el máximo poder.

- Hay algo de David Lynch o Polanksi en esta cinta.

Son comparaciones que no me disgustan nada. El desasosiego, el malrollo, que además estaba muy alejado de mi filmografía... Transitar por ello me ha parecido muy interesante. No era una cosa explícita, pero cada vez me dejo más guiar. «De lo sabido no pensado...».

- La película tiene mucho ritmo.

Castigar al espectador nunca. Esa manía... Yo como Machado: «Mi frente arrugada, yo vivo en paz con los hombres y en guerra con mis entrañas». Al espectador considérale como tú, los espectadores no son lelos. No hay que subrayar, pero contar bien y estructurar bien el relato me parece fundamental. La narrativa tiene que fluir y hay ciertas leyes del relato que se tienen que cumplir. Es respeto al espectador, no llamarle tonto. Y si eso está hecho bien, que es muy difícil como descubrió a Hitchcock la Nouvelle Vague... Hay leyes que son como las leyes matemáticas y las leyes del poema. Un poema tiene unas leyes. Puede ser diverso, por supuesto. Y construir también el aliento poético me gusta. Devuelve al ser humano algo que es grande que es la posibilidad de interpretar.

- Se repite frecuentemente que el mejor cine se hace en televisión. ¿Qué tal ve la calidad de las series... en España?

Yo soy muy fan de las series que llegaron después de la huelga de guionistas de EEUU, desde los Soprano, Mad Men,... y donde han estado directores como Rodrigo García, que yo admiro muchísimo, o Agnieszka Holland, que me encantaba su cine de autor de Europa y cuando se fue allí el cine y las series en las que ha trabajado me ha gustado mucho. Creo que las series españolas van in crescendo en calidad y según tengo entendido se va a abrir a más series de calidad en España. Podría ser un buen momento. Para eso hacen falta directores que manejemos la estética cinematográfica y los espacios del cine atmosférico. Las series que nos gustan mucho han cuidado eso siempre. Y a mí me interesa la progresión de los personajes, para trabajar con ellos por los menos durante seis capítulos. Y lo fastidiado para el cine, que obliga a una síntesis mucho mayor. El espectador además se está acostumbrando a ese arco del personaje mucho más largo. Yo soy devoradora de cine y de buenas series. Puedo tener peligro de adicción, de tener que frenarme para no ver demasiado si algo me engancha. Todavía me sigue maravillando el cine. Ahora tenemos que tener cuidado, si queremos que el cine siga exisistiendo los relatos que hagamos tenemos que saber esto y ofrecer otra cosa. Por eso en Acantilado yo lo he sabido y he ofrecido más cine espectáculo, un cine que justifique ir a la sala.

- ¿Tiene algún proyecto entre manos?

Tengo una historia entre México y Estados Unidos, puede salir una historia curiosa. Estoy escribiéndola. Estoy en un momento que me gustaría dirigir películas o series de calidad aquí. Si hay guiones estaría bien que a las directoras nos ofrecieran proyectos. Sabemos rodar y nos apetece,... Y a veces tengo la sensación que piensan que soy demasiado autora y que no me gustaría.

Comentarios