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Una mirada desmitificadora sobre los héroes de Baler

Luis Tosar protagoniza esta película sobre la «verdadera» historia de una gesta «absurda y ridícula»

Día 13/06/2016 - 09.05h

Karra Elejalde camina «sorprendido» de un lado a otro en el rodaje de «1898. Los últimos de Filipinas». Aún viste el hábito de Fray Carmelo, su personaje, un franciscano que, tras una temporada evangelizando en China, acaba en Baler con la única tarea posible de dar la extremaución a sus compañeros malnutridos, enfermos y asediados por los rebeldes tagalos. Gesticula encantado, como si fuera la primera vez que pasea por los escenarios de esta película sobre la olvidada gesta de aquel pequeño grupo de soldados resistiendo en el último reducto del imperio colonial español, Baler, que estos días se rueda en el municipio canario de Santa Lucía de Tirajana. «Es increíble el trabajo que ha hecho el director de arte, Carlos Bodelón», declara el actor a ABC, mientras acaricia las paredes de las chozas construidas para simular el poblado indígena y se detiene para mostrarnos al fondo la iglesia en la que Luis Tosar, Javier Gutiérrez y la debutante Alexandra Masangkay ruedan una escena bajo la atenta mirada del director, Salvador Calvo.

«El exterior es una copia fidedigna de la original», explica Bodelón sobre la reproducción del bastión en el que, a 11.000 kilómetros de distancia y 118 años antes, el capitán Enrique de las Morenas, el teniente Saturnino Martín Cerezo y otros 50 hombres más resistieron, durante 337 días, la ofensiva filipina que ansiaba su independencia de España. Algunos presentes discuten si las paredes de la iglesia pertenecen a un edificio antiguo de la localidad. «Nada de eso, tanto la iglesia como el poblado se construyeron desde cero en dos meses. Esto era un patatar con terrazas en el que tuvimos que hacer un nivelado de tierras espectacular. Esta escenografía tiene una magia impresionante, los actores están encantados. Ha sido un milagro. Karra incluso me dijo: 'Tú no sabes lo que me ayuda a mí esto a creerme el personaje'», aclara el director de arte, responsable también de «Julieta», el último filme de Almodóvar, y de superproducciones como «Gladiator» y «El reino de los cielos», de Ridley Scott.

Dos turistas alemanes perdidos aparecen entre las especies tropicales plantadas para simular la selva filipina: estrelitzias, plataneras, ficus benjamina y hasta palmeras. Están a punto de interrumpir una escena en la que Tosar, como Martín Cerezo, recita una frase del guion que resume el orgullo que tuvieron hasta el final muchos de aquellos héroes olvidados: «No vamos a rendirnos por un huerto de naranjas».

En un pequeño descanso, con el trasiego de soldados mugrientos, rebeldes armados con machetes y figurantes filipinas asfixiadas por el calor -una de ellas a punto está de desmayarse-, el director se empeña en aclarar que «esta película es completamente distinta a la de 1945». Calvo se refiere al filme casi del mismo título dirigido por Antonio Román, en 1945, para ensalzar las glorias del imperio y criticar la condena internacional que sufrió el régimen franquista por parte de los aliados, como metáfora de una España que resistiría cualquier ataque externo cual soldado de Baler. Tal es así que la cinta en la que debutaba Tony Leblanc y en la que también participaba un jovencísimo Fernando Rey comenzaba con este solemne discurso: «Año de 1898. Tierra de Baler, costa oriental de Luzón, donde un puñado de hombres, lejos de la patria, mantiene en pie, sin petulancia, su bandera. Aislamiento, sol, fatiga, lucha, soledad y nostalgia».

La gloria de España

«Cuando Enrique Cerezo nos propuso hacer esta película -continúa Salvador Calvo-, el guionista y yo tuvimos claro que no podía ser un 'remake' porque nos tirarían piedras. El discurso de Román no se sostiene hoy en día. Por eso no hacemos un filme bélico sobre las glorias de España, sino uno que habla del sinsentido de las guerras, de unos soldados luchando durante un año por un país y un imperio que ni siquiera les había avisado de que la guerra había acabado, de que habían vendido Filipinas por 20 millones de dólares a Estados Unidos y de que habían regresado a España dejándolos abandonados a su suerte».

Los otros miembros del reparto, que pasean por los alrededores de la iglesia con sus uniformes militares de finales del siglo XIX, coinciden al calificar el filme de «antibelicista», que narra «la historia tal y como ocurrió realmente». Todos citan el libro de Manuel Leguineche: «Yo te diré... (la verdadera historia de los últimos de Filipinas)». «Se nota que lo escribió un periodista que llevó a cabo un proceso de investigación sobre el terreno. Es el más real y el que más me ha ayudado», comenta el director. Eduard Fernández, que se mete en la piel del capitán Enrique de la Morenas -«un buen militar que toma buenas decisiones para tener las menos bajas posibles»-, describe la gesta como «absurda y ridícula». Tosar habla de su personaje como un hombre que «trata de defender su honor militar conduciendo a sus soldados a luchar por algo que no sabe muy bien qué es». El ganador de un Goya por «La isla mínima» Javier Gutiérrez da vida al sargento Jimeno y va más allá al asegurar que el «abandono, la desidia y la falta de interés de los que gobiernan hacia sus ciudadanos tiene mucho que ver con lo que les pasó a estos hombres». A ellos se unen Ricardo Gómez, que ha pasado directamente de la serie «Cuéntame» a este proyecto; Álvaro Cervantes, conocido por su papel en «Carlos, Rey Emperador» («es una historia tan alucinante que Estados Unidos habría ya hecho una saga con ella»), y el actor Carlos Hipólito, el médico Rogelio Vigil en la ficción, que vive continuamente con «el dolor enorme de no tener posibilidad de ayudar a los pacientes», los cuales fueron falleciendo sin remedio por los estragos de la disentería y por el beriberi, una enfermedad causada por la falta de vitamina C. Baste un dato para confirmarlo: en Baler solo murieron por disparos de los tagalos dos soldados españoles; el resto, cerca de una veintena, lo hizo por las epidemias que se extendieron en el interior de la iglesia.

¿Y los filipinos? «A diferencia de 1945, donde me imagino que eran figurantes españoles que intentaban achinarse, aquí sí que se ve su punto de vista», cuenta Masangkay, la joven protagonista tagala del filme. «De hecho, creo que mi personaje es la que lo transmite a través de su rabia e impotencia, porque lo que realmente quiere es que se acabe la maldita guerra y que lo españoles se vayan ya a su país para retomar su vida». Unos metros más allá, aburridos por la espera y pasando inadvertidos, un grupo de figurantes también filipinos charlan, tranquilamente, machete en mano: «En la escuela nos enseñaban que los españoles eran los malos, porque nos colonizaron», comenta Chritian, de Manila y desde hace nueve años en España. «En este filme los filipinos son los malos porque la película es de ustedes y para ustedes», añade Marcelo, de 62 años y procedente de Ilocos. Al fondo dos trabajadores cavan una trinchera... la guerra no ha acabado.

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