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Lorenzo Vigas: «En Venezuela, las madres prefieren que sus hijos sean asesinos a homosexuales»
El hielo y el fuego con Caracas al fondo

Lorenzo Vigas: «En Venezuela, las madres prefieren que sus hijos sean asesinos a homosexuales»

El cineasta obtuvo el León de Oro de Venecia con «Desde allá», perturbadora cinta sobre un amor prohibido en Caracas

Día 27/06/2016 - 14.01h

- Elder: ¿Tú a tus hijos les pegarías?

- Armando: No.

- Elder: Yo sí, para que sepan lo es es la vida de una buena vez.

La Caracas actual, la que pretende mostrar «Desde allá», no es un lugar fácil para (sobre)vivir, como sabemos gracias a la amplia cobertura mediática recibida por la capital del país latinoamericano en los últimos tiempos. La cinta, recién estrenada en España y ganadora del León de Oro de Venecia en 2015, habla de la incomunicación entre dos mundos, el rico y el pobre, cuando ya no hay mundos intermedios y sí mucha violencia. Y homofobia.

¿En qué necesitaría dialogar su país? «Las obras importantes deben ser el primer paso porque exponen de manera honesta temas álgidos. El tema de la violencia es muy actual, donde las madres prefieren que sus hijos sean asesinos a homosexuales. La película va a tener reacciones opuestas, va a haber una discusión acalorada», explica Lorenzo Vigas, su director. Va a tener, va a haber... porque todavía no se ha visto por allí. «No se ha estrenado por una crisis eléctrica, decidimos estrenarla en abril pero no hay electricidad en Venezuela después de las siete de la tarde porque se secaron las presas. No hubo buena planificación y mantenimiento. Y no hay electricidad... y no hay cine. En Venezuela es más importante conseguirse la comida que ir al cine. El estreno es en septiembre pensando que ya se habrá recuperado la normalidad», explica.

En la película hay dos protagonistas que mantienen una relación prohibida en una ciudad insoportable: Armando, un ortodoncista maduro, frío, opaco, reprimido y congelado por el pasado; y un joven delincuente, en estado de ansiedad constante, y que fue interpretado con una energía deslumbrante por un actor no profesional. «Elder es la situación de tantos jóvenes en Venezuela hoy en día. Desde que filmamos han matado a varios amigos y primos suyos. Él está ahorita en Chicago porque quiere ser actor. Probablemente estaría muerto si se hubiera quedado en Venezuela. Es la situación de estos chavales y de una buena parte de la población», apunta Vigas. El cineasta sostiene que hay una crisis de valores y de moral que refuerza el diálogo de sordos imperante en la actualidad. Pero igualmente no está resignado: «A largo plazo creo que esa esencia de la venezolanidad (la pureza, ser comunicativos, afectuosos) va a rescatar el país».

El rodaje en Caracas no fue fácil, pero para Vigas mereció la pena correr el riesgo. «Me lo planteé como un reto. Sabía que si lo lográbamos atravesar iba a traer cosas muy buenas a la película, ese sentir la calle caraqueña, esa energía, ese sucio auditivo y visual que le dan una cosa como muy seca, que tiene que ver con esa sequedad de emociones del personaje protagónico. Hoy en día cada día es más difícil. Y te arriesgas a que te roben el camión de luces y de cámaras, que les pasa a muchas producciones en Venezuela».

Volviendo a Armando, que interpreta Alfredo Castro, habitual del cine del chileno Larraín, y a «la sequedad de emociones» que nos cuenta que tiene su director, vemos como tiene todo bajo control hasta que todo se descontrola por culpa del incontrolable Elder. Y él lo vive y mira todo «Desde allá», impenetrable y ambiguo, una especie de fantasma que persigue por las calles además a su propio fantasma, que es su padre. «Armando descubre emociones que nunca había sentido. Se abre una cantidad de posibilidades a sus emociones y quizás luego tiene miedo de afrontarlas. O quizá de una forma terrible prefiere no sentir».

Por último, Vigas corrobora y responde con carga crítica acerca del escaso enfoque miserabilista de su película: «Creo que es utilizado como forma de atracción amarillista y yo lo repudio mucho. Porque es lo que los gusta a los europeos de ver sobre Latinoamérica, esta cosa de ver... La realidad no es así tampoco. Todavía hay una gran dignidad. Por la realidad compleja y humana, no por esa marca alarmista del tercer mundo, y que conectará desde el punto de vista humano, por sus problemas y sus anhelos, y no por esa cosa que yo también repudió».

- Elder: ¿Y tu papá está muerto?

- Armando: No, pero me gustaría.

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