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«La conjura de los necios», la novela maldita que nadie ha podido llevar al cine

«La conjura de los necios», la novela maldita que nadie ha podido llevar al cine

Tres actores elegidos por Harold Ramis para interpretar al protagonista fallecieron poco tiempo después, dos de ellos por sobredosis. Un nuevo intento de llevar la novela a la gran pantalla fue fulminado por el desastre del Katrina

Día 28/06/2016 - 17.23h

Resulta difícil imaginar que debajo de un libro capaz de provocar tantas carcajadas puede haber historias tan tristes. La aventura editorial de «La conjura de los necios» comenzó con una madre mendigando un padrino que quisiera publicar el libro de su hijo muerto, quien se suicidó en 1969 ante una turbulenta vida privada y una sucesión de rechazos a su obra: «No es lo suficientemente buena. No cuenta nada concreto». En 1976, la madre viuda se presentó ante el profesor universitario Walker Percy reclamándole que leyera un manuscrito «grande» y apenas legible. Él aceptó, al fin, y se enfrascó en uno de los descubrimiento literarios del siglo XX: Ignatius Reilly, «una especie de Oliver Hardy delirante, Don Quijote adiposo y Tomás de Aquino perverso, fundidos en uno», describió Percy.

La obra póstuma de John Kennedy Toole se convirtió rápidamente en un éxito editorial en EE.UU. y ganó el Pulitzer en 1981, pero, así y todo, jamás ha podido ser llevado al cine en un país que ha hecho películas incluso de los juegos de mesa más populares. A día de hoy, ver a Ignatius Reilly en la gran pantalla se antoja casi como superar una maldición egipcia. Así lo demuestran los actores muertos tras atraverse a abrir la tumba.

Como narra Richard Kelly en su libro «Solo para cinéfilos», el primer interesado en filmar una película basado en la novela fue un joven ejecutivo de la 20th Century Fox, Scott Kramer, que difundió entre sus contactos de la industria el libro pocos después de su publicación, allá en los años ochenta. La respuesta fue contundente: pocos encontraron la gracia en aquel obeso flatulento, misántropo y medievalista; y ninguno le vio potencial cinematográfico.

La obra de John Kennedy Toole, sepultado por el fracaso a los 32 años, es tal vez demasiado original para una industria siempre conservadora. Ignatius Reilly no encaja en ningún otro personaje de las comedias americanas, no acaso si pretende causar más carcajadas que compasión. A los 30 años, este personaje de ficción sigue viviendo con su madre y, a pesar de su genialidad, ocupa su tiempo en masturbarse, comer y escribir una extensa obra contra una sociedad desquiciada que, en su opinión, debería recuperar la forma de vida medieval. Por supuesto, el desarrollo de la novela empuja a Ignatius a salir de su espacio de confort y adentrarse en la extravagante ciudad de Nueva Orleans.

Los tres elegidos por Harold Ramis

Una historia que, pese a todas las advertencias, ha sido el objeto de deseo de un puñado de directores que se vieron con la capacidad de traducir el humor de John Kennedy Toole a un lenguaje cinematográfico. Lo intentó Harold Ramis, director de «Atrapado en el tiempo» (1993) y actor en «Cazafantasmas», que incluso engatusó a John Belushi para protagonizar la película. Un Belushi que falleció de sobredosis el 5 de marzo de 1982 cuando media docena de proyectos se acumulaban sobre su mesa, entre ellos aquella conjura. Durante una noche intensa en un hotel de California, en la que recibió la visita de Robin Williams y Robert de Niro, el actor de 33 años falleció a consecuencia de abusar del «speedball», esto es, una inyección de cocaína y heroína.

Fue entonces cuando Harold Ramis se ganó a pulso su mala sombra como director de casting. Tras la muerte de Belushi, eligió para el papel de obeso amante de la Edad Media a John Candy, célebre actor de comedias familiares en los años 80. Pero no pasó mucho tiempo antes de Candy falleciera, en marzo de 1994, en Durango (México), durante la filmación de la película «Wagons East!» Según la autopsia, sufrió una embolia coronaria, lo que llevó a un infarto al miocardio, y a una arritmia cardíaca fatal.

Acostumbrado a los contratiempos, Ramis lo sustituyó por Chris Farley sin sospechar que también él iba sufrir un desenlace trágico. En muchos sentidos, Farley había seguido los pasos de Belushi, también procedente del show televisivo «Saturday Night Live», y, al igual que él, murió de una sobredosis de «speedball» a los 33 años. La autopsia vinculó su muerte a las drogas, la adicción al alcohol y, como no, a la obesidad que tanto le hacía encajar con Ignatius Reilly .

El Katrina desmonta la producción

De una forma similar a Terry Gilliam con su «Don Quijote» maldito, Ramis siguió obsesionado con rodar «La conjura de los necios» hasta su prematura muerte en 2014. Es más, Ramis se pasó la vida ocupado entre prender vida a Ignatius y que se filmara la tercera parte de los «Cazafantasmas», lo cual tampoco logró. Su antorcha la recogió John Waters, quien encargó a Stephen Fry un nuevo guión que no sería utilizado nunca.

Steven Soderbergh, «Traffic» (2000), estuvo a punto de rodarla con Will Ferrer de protagonista, aunque una sucesión de catastróficas desdichas lo impidió otra vez. El Katrina dejó el asunto en punto muerto y el asesinato de la mujer que lideraba la productora Louisiana State Film Commission dio la puntilla al proyecto.

Años después, en 2012, se anunció casi por sorpresa que Zach Galifianakis, entonces impulsado por su actuación en «Resacón en Las Vegas» (2009), sería Ignatius en otra producción incierta. Tanto como para que todavía hoy no se hayan tenido más noticias de un film que debe dirigir James Bobin.

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