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El cine durante la Guerra Civil: entre las bombas y el folclore
André Malraux filma a Max Aub durante el rodaje de L'Espor, Sierra de Teruel, rodada durante 1938-1939

El cine durante la Guerra Civil: entre las bombas y el folclore

Se cumplen 80 años del inicio de un conflicto en el que, a pesar de la debacle, se rodaron algunas películas de ficción y cientos de documentales

Día 18/07/2016 - 13.04h

Poco antes de que estallara la Guerra Civil, Luis Buñuel ayudaba a José Luis Sáenz de Heredia a rodar una de sus primeras películas, «La hija de Juan Simón». Un comunista convencido y el primo del fundador de Falange, José Antonio Primo de Rivera, trabajando juntos y tan amigos en este drama musical. Era la época en la que el gran emporio de Cifesa comenzaba a exportar películas españolas a Latinoamérica y «The New York Times» incluía críticas de estas en sus páginas. Florián Rey arrasaba con «Morena Clara», el filme más taquillero de la Segunda República, y Benito Perojo se hacía de oro con «La verbena de la Paloma», que llevaba meses en cartelera. «Es la época más popular del cine en España por una razón muy sencilla: el analfabetismo estaba por encima del 30% y en España se había impuesto el doblaje. Eso no quiere decir que fuera el mejor, pero había una gran sintonía entre el público y las películas? hasta que estalla la Guerra Civil», cuenta Román Gubern, cuyos estudios sobre este tema fueron pioneros.

Todo saltó por los aires el 18 de julio de 1936, hace hoy 80 años. «Fue como un terremoto en el que la producción privada prácticamente desapareció», añade el historiador catalán. Alrededor de quince largometrajes se encontraban en pleno rodaje aquel fatídico día. «La gente que se dedicaba al cine no se caracterizaba por una militancia política muy activa y aquello les pilló desarbolados», asegura el director y guionista ganador de dos Goyas y un Oso de Berlín, José Luis García Sánchez. Buñuel, por ejemplo, estaba produciendo la película de Jean Grémillon, «Centinela alerta», y tuvo que mandarlo rápidamente de vuelta a París y acabar él mismo la cinta. Perojo tuvo que interrumpir el rodaje de «Nuestra Natacha», un filme que reflejaba muy bien el ambiente en los meses previos al alzamiento. Y lo mismo ocurrió con «Asilo naval» y «El genio alegre», esta última protagonizada por Fernando Fernández de Córdoba, el hombre que leería en la radio el famoso último parte de guerra tres años después.

«El inicio del conflicto supuso un corte radical para la industria cinematográfica. Nadie se imaginaba entonces que fuese a ser tan largo», apunta David Sánchez-Biosca, profesor de Comunicación Audiovisual de la Universidad de Valencia y especialista en el cine franquista de 1936 a 1939. El cine español (también) quedó dividido en dos grandes bandos. En el nacional se habían quedado sin medios técnicos, puesto que los principales estudios y laboratorios se encontraban en Madrid y Barcelona, donde la insurrección había fracasado. Tan solo contaban con los equipos de «El genio alegre» y «Asilo naval» que coyunturalmente se encontraban filmando en Cádiz y Córdoba cuando fueron ocupadas por los nacionales. En el bando republicano, por el contrario, escasea el capital. «De hecho, cuando estalla la guerra, el dueño de Cifesa, Manuel Casanova, se marcha a Sevilla con su dinero para abrir una delegación con la que apoyar la causa franquista y grabar documentales de propaganda», cuenta el profesor de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, Rafael Rodríguez Tranche.

Cine en los dos bandos

A pesar de esta escasez de recursos, y tras un breve colapso inicial, los gobiernos de ambas zonas tomaron conciencia de la importancia de este medio no sólo para entretener a la castigada población, sino, sobre todo, para aleccionarla políticamente y contestar al discurso del enemigo. Pronto se empezó a rodar de nuevo, aunque se disminuyó drásticamente el número de largometrajes, de mayor coste y dificultad. Muchos eran documentales de réplica de lo que se producía en el otro bando. Las guerra se había trasladado a las pantallas. En la zona republicana, el sector cinematográfico queda a las órdenes de los sindicatos de la CNT (SIE Films) y el Partido Comunista (Popular Films). Esta última, junto a la productora del Gobierno, Laia Films, produjo el noticiario «España al día» desde 1937. El Departamento Nacional de Cinematografía franquista contestó de inmediato con su propio «Noticiario español», bajo la supervisión del ministro Ramón Serrano Suñer y Dionisio Ridruejo. También se puso en marcha un sistema de cine ambulante que recorría los frentes para entretener a los soldados. «Y al día siguiente de conquistar una ciudad se paralizaban las carteleras y se imponían una serie de títulos de obligada proyección. Era como la ocupación simbólica después de la militar», explica Rodríguez Tranche.

Según los datos ofrecidos por Magí Crusells en «La Guerra Civil española: cine y propaganda» (Ariel, 2000), en la zona republicana se produjeron 360 obras, por 93 en la nacional. Algunas eran consignas a la población para que aprendieran a protegerse de los bombardeos o a usar un fusil. Otras estaban vinculadas a determinadas divisiones del Ejército, para vender como éxitos algunas operaciones militares de retirada. También hubo unas pocas películas de ficción. Al frente de ellas, directores españoles como Antonio del Amo, Antonio del Castillo o el gran Edgar Neville, que estaba en el bando republicano como una especie de consejero del ministro de Estado y huyó a la zona franquista para rodar películas de propaganda al servicio de la causa enemiga. De allí salió «Frente de Madrid», una película que contaba la historia de un soldado republicano y otro falangista que, agonizando juntos en una trinchera, acaban compartiendo el sinsentido de aquel conflicto. Y no podemos olvidarnos de Luis Buñuel, que iba y venía a España e incluso viajó a Hollywood en nombre del Gobierno de la República para supervisar el rodaje de dos películas sobre la guerra.

También llegaron a España directores extranjeros. «Para ellos era una locura de emoción, una fuente absolutamente prodigiosa de temas», señala el director José Luis García Sánchez. Por allí estaba Hemingway poniéndole voz a uno de los documentales más estremecedores de aquel trienio negro, «Tierra de España», dirigido por Joris Ivens con un presupuesto de 2.000 dólares. El fotógrafo Henri Cartier-Bresson realizando «L'Espagne vivra» (1939), una crítica a la intervención extranjera en apoyo de Franco. O Russell Palmer -presidente de Peninsular News Service, un grupo de presión profranquista de Estados Unidos-, que contó con el permiso del futuro Caudillo para grabar las conquistas de Teruel o Castellón, de donde salió el primer y único documental en color de la guerra: «Defensores de la fe» (1937). Y por encima de todos, André Malraux, que filmó la que dicen es la gran película de la Guerra Civil, «Sierra de Teruel», cuyo guion escribió con ayuda del gran Max Aub. «Cinematográficamente es la mejor. Un filme que mira la guerra con unos ojos más limpios. Visualmente es muy hermosa, con esa fotografía, esa luz y esa mezcla de realidad y documental... Es maravillosa», asegura a ABC el director Fernando Trueba.

La CNT se atrevió con algunas películas de ficción como «Aurora de esperanza», «Barrios bajos» o la comedia «Nuestro culpable». «Los anarquistas consideraban que el cine de Hollywood era narcótico para las masas y quisieron hacer un cine alternativo de entretenimiento con moraleja política. Pero la gente no iba a verlo, prefería precisamente esas cintas de Hollywood», comenta Gubern.

En la Alemania nazi

Por parte del bando franquista, sin embargo, la mayoría de películas de ficción no se rodaron en España ni tuvieron ningún tipo de connotación política. Se filmaron en Alemania con el apoyo del Tercer Reich, después de que el Gobierno de Franco se diera cuenta de que seguía sin estudios ni laboratorios. Montaron junto a las autoridades nazis la productora Hispano Filmproduktion y se llevaron a los directores Florián Rey y Benito Perojo junto a estrellas como Imperio Argentina o Estrellita Castro. Rodaron cinco películas, algunas tan relevantes como «Carmen, la de Triana», «El barbero de Sevilla» o «Suspiros de España». Un universo muy particular que Fernando Trueba quiso recrear en 1998 con «La niña de tus ojos», que se llevó siete premios Goya. «Me parecía una situación tan surrealista que españoles se fueran a la Alemania de Hitler a hacer películas folclóricas mientras el país estaba en guerra, que pensé que merecía la pena hacer una comedia sobre ello. Es una de esas situaciones en las que la realidad supera a la ficción», confiesa su director.

Tan surrealista como la amistad de Buñuel con Sáenz de Heredia, que continuó incluso después de que su primo José Antonio Primo de Rivera fuera ejecutado en la cárcel de Alicante y de que dirigiera «Raza», la película con guion de Franco en 1941. «Me contó una vez Buñuel que cuando Sáenz de Heredia fue encarcelado en una checa de Madrid y condenado a muerte durante la guerra, él mismo fue a liberarlo, fusil en mano, con la ayuda de un grupo de obreros. Le salvó la vida», recuerda Gubern.

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