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La resurrección burgalesa de la «Colina Triste» de Sergio Leone
El director, Segio Leone, contempla el cementerio levantado en dos días por el ejército español

La resurrección burgalesa de la «Colina Triste» de Sergio Leone

El sepultado cementerio del final de «El bueno, el feo y el malo» revive y alienta un documental 50 años después. Por 15 euros, cualquiera puede apadrinar una tumba, que llevará su nombre en el renacido «Sad Hill»

Día 26/07/2016 - 18.29h

Circulan diez versiones diferentes de lo que verdaderamente ocurrió en aquel rodaje. Lo relevante y cierto es que, con siete cámaras preparadas para capturar la explosión del ficticio puente de Langstone, con un capitán del ejército español al mando de la detonación, y el director Sergio Leone al frente, todo saltó por los aires... con todas las cámaras apagadas. Nadie había dicho «¡Acción!». Nadie supo bien qué había ocurrido.

Estamos en 1966. Pese a que son Almería y Madrid los escenarios favoritos del spaghetti western, Leone se ha traído a Clint Eastwood, Lee Van Cleef y Eli Wallach a la campiña burgalesa. Ha de simular que «El bueno, el feo y el malo» dirimen sus asuntos en Virginia, y no a orillas del río Arlanza, o a saltos entre Covarrubias, Carazo, Salas de los Infantes o Santo Domingo de Silos.

Consumado el desastre de Langstone, el capitán del ejército asume la culpa y se pone a las órdenes de Leone, que no solo acepta que reconstruyan su puente en tiempo récord, sino que le encarga la construcción de un cementerio circular, de unas 5.000 tumbas, al borde de la falda de un valle. Dos días tardan los soldados, la mayoría de reemplazo, en levantar «Sad Hill» (Colina triste), el lugar donde iba a tener lugar el duelo a tres más relevante de la filmografía sobre el lejano Oeste. Pero aquella efímera necrópolis dura tanto como la propia escena requiere. El equipo desmonta lápidas y cruces y se marcha con su retrato inmortalizado a poner los títulos de crédito. Fin.

La escena de los tres actores sobre el cementerio pasará a formar parte del imaginario colectivo, elevado a obra de arte con las notas dibujadas por Ennio Morricone. Se hace icónica hasta el punto, por ejemplo, de servir desde hace 33 años para abrir los conciertos de la banda de rock Metallica. Es la cinta favorita de Quentin Tarantino, a su vez director de culto y es, sobre todo, lugar de la tercera y última cita entre Leone y Eastwood.

Después volvió a ser lo que era, una plácida entraña de España donde crecen los pastos, pasan las estaciones, y apenas visitarán pastores y ganado durante el próximo medio siglo.

Hace una década que la Asociación Cultural Sad Hill reivindica la relevancia histórica del lugar. Fue hace un año cuando lograron los permisos para desenterrar el cementerio.

La noticia llegó a oídos de Guillermo de Oliveira, que por puro instinto cinéfilo y mitómano se fue a Burgos a buscar «ese algo mágico e inexplicable que sucede cuando visitas las escaleras de ?Rocky? en el Museo de Arte de Philadelphia, las ramblas del desierto donde cabalgaba Indiana Jones en Almería o el restaurante de Los Angeles donde Al Pacino y Robert de Niro se encontraron por primera vez en la pantalla en ?Heat?», dice el realizador vigués.

Pero lo que Oliveira halló en Burgos sin querer fue «Sad Hill Unearthed» (Desenterrado), el documental que, cuando habla con ABC, le ha llevado a Los Angeles con su azada particular: una cámara con la que hace su parte en el desescombro de la mitología cinematográfica del lugar.

Magia» bajo tierra

«En septiembre del año pasado uno podía pasear por allí y no encontrar el más mínimo vestigio de aquel rodaje. Pero lo verdaderamente mágico sucedía cuando te subías a un punto elevado o, mejor aún, con la ayuda de un drone. De pronto descubrías que la forma de los círculos concéntricos se mantenía intacta, como una especie de señal alienígena grabada en la tierra», narra apasionadamente Oliveira.

La aventura le pareció una maravillosa e inviable insensatez, pero pronto comenzó a ser realidad. La asociación puso en marcha un singular modo de financiar su objetivo. Por 15 euros, cualquiera puede apadrinar una tumba, que llevará su nombre en el renacido «Sad Hill». Ya lo han hecho cerca de 1.000 personas. Son muchas más las que cada fin de semana, desde octubre de 2015, llegan desde los más inesperados rincones del planeta para poner sus manos a disposición del proyecto.

Poco a poco, el manto vegetal que cubría el cinematográfico escenario ha ido dando paso al empedrado del lugar concebido por Carlo Simi.

Gracias a Oliveira, que ha tenido que «aprender a navegar en la delicada línea que separa la perseverancia del acoso», muchos de los que construyeron la escena hace ahora 50 años son conscientes de lo que se está haciendo en Burgos. El realizador ha recorrido buena parte del planeta buscándoles, para que formasen su documental, otra manera más de hacer eterno el escenario burgalés.

Emoción y sorpresa

Muchos han recibido emocionados hasta las lágrimas al director de «Sad Hill Unhearthed», transformado en una suerte de embajador de quienes están haciendo realidad la resurrección del cementerio de «El bueno, el feo y el malo». El documental, si todo sigue su curso, será estrenado a principios de octubre. Aunque «no serán las prisas las que condicionen el resultado después de tanto trabajo», dice su autor.

Este domingo, para dar lustre al 50 aniversario del rodaje, se proyecta la película en «Sad Hill». Y en el paraje burgalés se prometen emociones y alguna sorpresa. El director del documental lo anuncia, pero se niega a desvelar «el merecido premio» que espera a los vehementes desenterradores del camposanto de ficción. «Hasta esta noche... soy una tumba», bromea Oliveira con una amplia y gamberra sonrisa que anticipa una noche de magia en la «Colina Triste» de Leone.

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