ABC.es

HoyCinema

patrocinado por .
Crítica de ABC en 1981: el «trepidante» Indiana Jones de «En busca del arca perdida»
Cartel de «Indiana Jones, en busca del arca perdida»

Crítica de ABC en 1981: el «trepidante» Indiana Jones de «En busca del arca perdida»

La película de Steven Spielberg obtuvo cinco Oscar y reinventó el cine de aventuras para siempre

Día 29/07/2016 - 16.00h

Cinco Oscar y dos premios Bafta se llevó «Indiana Jones, en busca del arca perdida» en 1981. La película que reinventó el cine de aventuras de la mano de Steven Spielberg, que ya por entonces había alcanzado el éxito con «Encuentros en la tercera fase» (1977) y «Tiburón» (1975), y la que lanzó definitivamente al megaestrellato del gran Harrison Ford.

[ABC, en 1979: la crítica del «Superman» de Christopher Reeve]

[ABC, en 1968: La crítica de «El bueno, el feo y el malo»]

[ABC, en 1977: la crítica de «Star Wars: Una nueva esperanza»]

Un paquete irresistible paquete al que «Chicago Sun-Times» le dedicó halagos como éste: «Una experiencia extracorporal, una película de gloriosa imaginación y ritmo trepidante que te agarra en la primera escena, te lanza a una serie de increíbles aventuras y te trae de vuelta a la realidad dos horas más tarde». O «The New York Times»: «Una de las más divertidas, ingeniosas y estilosas películas de aventuras americanas jamás hecha. Un homenaje a las viejas películas seriales».

«En busca del arca perdida» se situó rápidamente como el filme con mayores ganancias de aquel año y, aún hoy, sigue siendo una de las películas con mayor recaudación de todos los tiempos. Un éxito tanto a nivel crítico como popular que derivó en el lanzamiento de otras tres secuelas sobre del aventurero.

La crítica de ABC, el 6 de octubre de 1981:

«El cine de aventuras, las películas maravillosas, los filmes emocionantes, los asuntos de escalofrío y los protagonistas fascinantes pertenecen (acaso fuera mejor decir pertenecían) a los comienzos del cine industrial, a las sesiones matinales de los años treinta, a las jornadas múltiples en las que se empalmaban riesgo y emoción de un capítulo al siguiente según la acreditada técnica del folletín. Aventuras las ha habido siempre en el cine, pero últimamente la generación que aprendió a leer en los tebeos, con las peripecias de Doc Savage y del 'hombre enmascarado', se ha decidido a transportar sus sueños de infancia a la realidad técnica del cine actual. Surgió así 'La guerra de las galaxias', como jefe de fila de un grupo progresivamente nutrido de filmes similares en su concepción, y surge ahora, en otra vertiente, otra rama del mismo árbol, 'En busca del arca perdida', un espléndido 'tebeo' donde se multiplican riesgos, emociones y angustias, en una trepidante sucesión de episodios con los espacios mínimos, entre uno y el siguiente, como para que el espectador pueda darse un respiro confortador.

'En busca del arca perdida' comienza poniendo en práctica la 'fórmula De Mille'. El autor de 'Los Diez Mandamientos' o 'El mayor espectáculo del mundo', viejo conocedor de los gustos del público, afirmaba que 'la película ideal había de comenzar con un terremoto y luego seguir subiendo en interés'. En la película de Spielberg, el protagonista, Indiana Jones, profana el templo de una antigua deidad en Sudamérica para apoderarse del ídolo, en oro macizo, que allí se guarda. En poco más de cinco minutos su vida se ve en serio peligro, mientras se multiplican los muertos en su camino, a punto de ser atravesado por flechas y lanzas envenenadas, de precipitarse a un tenebroso abismo y de ser aplastado por una enorme esfera de piedra piedra rodante, mientras el templo entero se derrumba.

Luego, con esas pausas imprescindibles, Indiana Jones, arqueólogo convencional, profesor con gafas y atuendo clásico, nos muestra su otra fecha aventurera al ser encargado por el Gobierno norteamericano de un asunto especialmente peligroso y peliagudo: encontrar, antes de que lo hagan los servicios nazis, la mítica Arca de la Alianza, desaparecida casi un siglo antes del nacimiento de Cristo con las tablas de la Ley en su interior. Hitler, con el Arca, accedería al Reich de los mil años como amo y señor del poder, como símbolo de la autoridad moral del mundo y de su fuerza. Y se desencadena así una nueva serie de peripecias que llevan a Indiana al Nepal, en pos de un medallón que servirá para localizar de forma segura el lugar del 'pozo de almas' en la ciudad perdida del antiguo Egipto, donde un faraón hizo sepultar el Arca. Y del Nepal, con la hija de su antiguo maestro, Marión, a Egipto, y luego a una isla atravesando de un extremo a otro el planeta, en el ambiente prebélico de 1936, superando obstáculos sin cuento, entre los que se cuentan un pozo inundado de serpientes, la hélice de un avión en marcha, una caravana de camiones militares y un sinfín dé tiros, puñaladas, intentos de envenenamiento, ametrallamientos y demás agresiones, con el colofón de un auténtico poste de sacrificios, atado al cual espera, aparentemente vencido, el holocausto final.

La película se sigue con gozo, un gozo mezcla de suspense e interés, al borde siempre de la incredulidad, en esa línea frontera con lo inverosímil que cualquier espectador rechazaría y que admite aquí sin graves problemas de conciencia, inmerso en el ritmo trepidante de la acción, en la sucesión continua de sopresas. Los personajes, por supuesto, son de una pieza, aunque están dibujados con una ironía no exenta de humor. Así, Indiana Jones, héroe invencible, capaz de enfrentarse con los mayores enemigos despreciando cualquier riesgo, tiene un pánico cerval a las serpientes. Así, Marión, su compañera de aventuras, es una bella mujercapaz de tumbar al más fornido y resistente bebedor del Nepal, tanto vaso a vaso como con la fuerza de sus puños. Y así, también el malvado Belloq, el arqueólogo rival de Indiana, no pierde su elegancia, ni su capacidad para la reacción, ni siquiera cuando es burlado en sus intentos de seducción de la protagonista. Y hay malos. Malos encabezados por el sádico Toht, perseguidor de Indiana, agente zani de abrigo de cuero y sonrisa gélida, que lleva en la palma de la mano de saludar al Führer, grabado a fuego, el recuerdo de su primer encuentro con Indiana y Marión.

Todo se le perdona a Spielberg (y a Lucas, copatrocinador de la idea y productor de la película) en gracia a la perfección técnica, a la imaginación, al sentido del humor y de la aventura de que están repletas las imágenes de 'En busca del arca perdida'. Resulta muy grato recobrar, con toda la cooperación tecnológica precisa, para hacerlos visibles, los sueños, infantiles y de adolescencia, sueños poblados de héroes inquebrantables, de heroínas indesmayables en su feminidad, y de seres perversos, aparentemente todopoderosos, que acaban siendo vencidos en razón de su propia malignidad.

No resulta difícil pronosticar una excelente carrera comercial a 'En busca del arca pérdida'. Ni adivinar una satisfacción generalizada entre sus espectadores, con olvido de su edad y circunstancias. El cine como arte espectacular, el cine como entretenimiento vigorizante, el cine como diversión vital (a despecho de una cierta carga de americanismo tan evidente, por otra parte, que resulta inofensiva) tiene en la película de Spielberg, que se luce como realizador, demostrando que sus anteriores éxitos («Tiburón» o «Encuentros en la tercera fase») no se debieron a la casualidad, sino al talento, cumplida exposición. Y al espectáculo colaboran, en buena medida, los intérpretes (espléndidos Harrison Ford, como Indiana Jones, y Karen Alien, haciendo de Marión), a los que no cabe poner un pero, ajustados con precisión y desenvoltura a sus papeles (inquietantes Ronald Lacey, incorporando al sádico nazi; apuesto, en su maldad, Paul Freeman, animando a Belloq; simpático, como árabe amigo, John Rhys-Davíe), la fotografía de Douglas Slocombe y la movida e inspirada música de John Williams. Sin olvidar, porque no sería justo, el guión de Lawrence Kasdan, uno de los mejores entre los escritores recién llegados a la que todavía (y esta es una prueban inequívoca) sigue siendo Meca del cine».

Comentarios