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«Carne de fieras», la película maldita de la Guerra Civil que se perdió hasta 1992

Su rodaje quedó interrumpido el 18 de julio de 1936 y muchos de sus protagonistas desaparecieron sin dejar rastro

Día 01/08/2016 - 14.04h

El 16 de julio de 1936, tan solo dos días antes de que estallara la Guerra Civil española, sonaba «¡acción!» por primera vez en el madrileño parque del Retiro. Comenzaba el rodaje de «Carne de fieras» y el equipo de la película incluso se hacía una fotografía para la posteridad. Sin embargo, ninguno de ellos pudo acudir al estreno... celebrado 56 años después, en plena democracia.

[El cine durante la Guerra Civil: entre las bombas y el folclore]

«Carne de fieras» es citada a menudo como una «rareza» en el panorama cinematográfico español no solo de la década de los años 30, también de la historia de nuestro cine. Su producción, interrumpida por la insurrección franquista dos días después de empezar a rodarse, en primer lugar, y marcada por la desaparición de parte de su equipo y de la propia película después, ha estado siempre rodeada de un halo de misterio que la ha convertido en leyenda.

Era una de las 15 películas que se encontraban en pleno rodaje en España aquel 18 de julio del 36. Salvo «Nuestra Natacha» (Benito Perojo), la mayoría de ellas consiguió estrenarse, no sin dificultades, en los años de la guerra o inmediatamente después. Buñuel, por ejemplo, estaba produciendo la película de Jean Grémillon, «Centinela alerta», y tuvo que mandar rápidamente al director de vuelta a París al estallar el conflicto y acabarla él mismo. «Asilo naval» (Tomás Cola) llegó a los cines en 1944 y «El genio alegre» (Fernando Delgado), protagonizada por Fernando Fernández de Córdoba, el hombre que leería en la radio el famoso último parte de guerra, en 1939.

«El inicio del conflicto supuso un corte radical para la industria cinematográfica. Nadie se imaginaba entonces que fuese a ser tan largo», apunta a ABC David Sánchez-Biosca, profesor de Comunicación Audiovisual de la Universidad de Valencia y especialista en el cine franquista de 1936 a 1939.

Incógnitas e hipótesis

De aquellas 15 cintas, sin embargo, la peor parada fue «Carne de fieras». La idea de llevarla al cine se le ocurrió al productor Arturo Carballo después de ver, a principios del verano del 36, a una camioneta por el centro de Madrid, anunciando un raro espectáculo: una artista denominada la Venus Rubia iba a presentarse en el teatro Maravillas y en el Circo Price, provista únicamente de un diminuto tanga y en top less, dentro de una jaula con cuatro fieros leones. Aprovechando el impacto comercial que tuvo el «show», Carballo encargó rápidamente un guión basado en él y el rodaje de un filme a Armand Guerra, un director anarquista valenciano cuyo nombre verdadero era José María Estivalis.

Éste se puso entonces en contacto con la reina del espectáculo, Marlène Grey, para que protagonizara también el largometraje. También contrató al domador George Marck e, incluso, a El Hombre Autómata de aquel circo como secundario. El rodaje comienza el 16 de julio y, al estallar la guerra dos días después, se interrumpe. Semanas después se reanuda para finalizar la grabación en septiembre.

El filme, sin embargo, no sólo no llegó a los cines, sino que pasó a formar parte de la categoría de «malditos», con una historia repleta de misterios, incógnitas e hipótesis sobre el destino de algunos de los implicados en el largometraje y de la película en sí.

La película perdida

Carballo intentó sacar partido de su producción en los años cuarenta, pero una historia en la que aparece una artista desnuda dentro de una jaula de leones, un marido divorciado y una mujer adúltera no era un argumento muy propicio para la nueva dictadura y su censura. Aunque intentó tapar algunos de los muchos planos en los que la protagonista aparecía sin ropa, cuando vio la cinta se convenció de que aquello era imposible. No estaba para dispendios.

El productor jamás volvió a producir una película y continúo al frente del cine Doré, sede actual de la Filmoteca española. Allí durmieron los rollos de «Carne de fieras» hasta que los herederos de Carballo los vendieron en el rastro madrileño y se perdieron.

Destinos confusos

Los protagonistas del filme, por su parte, dejaron España antes de que acabara 1936. Poco después comenzaron a circular rumores de que uno de los leones había acabado con la vida de Marlène Grey, pero no hay ninguna información ni nota al respecto en las historias generales del circo francés. Otros testimonios aseguran haberla visto en los años cuarenta actuando en el norte de África. Sea como fuere, ninguno de aquellos datos se llegó a confirmar y jamás se volvió a saber de ella.

Tina de Jarque, otra de las vedetes que fueron contratadas para «Carne de fieras», fue detenida en Madrid en noviembre de 1936 por Abel Domínguez, pagador de las milicias Andalucía-Extremadura de la CNT, que se había enamorado perdidamente de ella. Acusada de espía, quintacolumnista y de cómplice del robo de joyas por los anarquistas, sobre su destino final corrieron los más variados rumores, desde su fusilamiento hasta una rocambolesca huida. Sin embargo, no hay ninguna huella documental sobre su ejecución.

Según recoge «El enigma de Tina», de Alfonso Domingo, esta artista cuya fama rebasó las fronteras de España en los años 20 y 30 se encuentra enterrada en el cementerio de Valencia. «Su recuerdo se fue diluyendo porque no fue cómoda para ninguno de los dos bandos. La dictadura franquista dejó poco resquicio para el tipo de espectáculo que ella hacía, los anarquistas la afearon a la hora de reivindicarla y los republicanos le achacaron el dinero y su relación con personajes como el banquero Juan March, de quien fue amante», explicaba el autor a ABC en 2013.

En lo que respecta al director Armand Guerra, antes de rodar «Carne de fieras» había vivido en Rusia durante la revolución bolchevique y en Alemania en los años de la República de Weimar. Cuando acabó la película el 26 de septiembre, se dirigió al frente a filmar hasta que fue arrestado en 1938. Tras ser puesto en libertad 124 días después, se marchó a París a reunirse con su mujer y su hija. Allí, el 10 de marzo de 1939, cayó fulminado por un aneurisma en plena calle y murió. La práctica totalidad de sus películas, también se perdieron.

La reaparición, medio siglo después

«Carne de fieras», una película arriesgada y de alguna manera adelantada a la moral de su época, cayó en el más absoluto de los olvidas y nadie se preocupó por encontrarla. En 1991, por pura casualidad, la Filmoteca de Zaragoza adquirió los fondos de Raúl Tartaj, el actor, director de cine, representante de artistas y, sobre todo, uno de los mayores coleccionistas de películas de la historia de España, con más de 2.000 títulos en su catálogo.

Al hacer el inventario, se encontraron los 42 rollos de «Carne de fieras», entre otras películas del NO-DO, documentales de principios del siglo XX, tanto de autores aragoneses como del resto de España, filmes del cine mudo y otros de distintas nacionalidades de los primeros años del cine sonoro. Muchos de ellos se encontraban en soporte de nitrato de celulosa, de fácil inflamación y degradación, pero la Filmoteca decidió estudiarlas, clasificarlas y restaurarlas.

Los encargados de restaurar y terminar de montarla fueron Ferrán Alberich y Ana Marquesán. «Es un caso insólito dentro de la cinematografía española y mundial. Según mis datos, nunca se ha realizado la consecución de una película después de permanecer medio siglo guardada en archivos», comentaba a ABC Alberich, después de su estreno el 15 de septiembre de 1992.

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