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La crítica de ABC, en 1977: «No es 'Taxi driver' una película agradable»
Robert de Niro, en una imagen de «Taxi Driver»

La crítica de ABC, en 1977: «No es 'Taxi driver' una película agradable»

El filme dirigido por Martin Scorsese y protagonizado por Robert De Niro apenas obtuvo tres nominaciones a los Oscar, pero se convirtió en un clásico del cine

Día 08/08/2016 - 11.49h

Apenas consiguió tres nominaciones a los Oscar, pero la película de «Taxi Driver» acabó siendo un clásico de la historia del cine. Estamos ante, quizá, la película más icónica de Robert de Niro como protagonista y Martin Scorsese como director.

Las críticas, sin embargo, la encumbraron pronto a la categoríade de clásico: «Una bizarra y triunfadora historia sobre un joven enfermo que encuentra su sitio en un mundo igualmente enfermo» («San Francisco Chronicle»), «Una de las escasas películas relativamente recientes (como 'El Padrino') que se une al panteón de clásicos populares y del gran cine americano» («The Washington Post») o «Un retrato vívido y electrizante de un personaje tan particular que te sorprenderá que realmente tenga un sentido dramático consistente» («The New York Times»).

Ahora, con motivo del cuarenta aniversario de su estreno en Estados Unidos, la película volver a los cines de todo el mundo este agosto, comenzando por Austria y Suiza y avanzando por distintos festivales y cines de toda Europa, Sudamérica y Australia desde septiembre y hasta final de año. A Reino Unido llegará en 2017.

El metraje que se podrá ver será el original, pero con el plus de la remasterización que llevó a cabo Sony Pictures en 2011, seguido de un seguimiento del proceso desde el negativo original hasta el 4K con la guía de Scorsese y Michael Chapman, el director de fotografía de la cinta.

Qué mejor momento que recuperar aquí la crítica que hizo para ABC Pedro Crespo, el 13 de marzo de 1977.

La crítica de ABC:

Así, mientras camufla sus traumas, escupe su rabia y despliega un recital de emociones vehementes, el espectador acude atónito a la violenta síntesis de un ciudadano asqueado con el sistema, un sistema podrido al que culpa de su mala suerte y que provoca su paroxismo. Magistral y demoledora radiografía de la estresante y salvaje sociedad urbana. Todo un clásico del cine contemporáneo.

«Que la soledad es un monstruo engendraflor de violencias es algo tan sabido como que su principal asiento es la gran ciudad. En las urbes millonarias la soledad es un elemento constante, nutrido por la propia presencia de los miles y miles de personas con las que se cruza, diariamente, sin una palabra, sin un gesto, cada uno de los solitarios. «Taxi driver» es uno de esos asuntos de soledad. Soledad en Nueva York, y soledad que encontrará su solución en la violencia, como único modo que el protagonista encuentra para salir de su anonimato, para emerger a la luz pública y convertirse transitoriamente en personaje y acabar siendo simplemente persona.

La historia que cuenta «Taxi driver» es la de Travis Bickle, un veterano del Vietnam que padece insomnio y, por ello, para no estar a solas consigo mismo se convierte en conductor de taxi. Con el trabajo no tiene que pensar adonde ir; los clientes se lo indican. Va conociendo, siquiera superficialmente, gente diversa. La ciudad vista desde el retrovisor de un taxi, es un conglomerado de acritudes, una sucesión de historias absurdas, de suciedades, de obscenidades y de prisas. Para Martin Scorseae, realizador de «Taxi driver», como antes lo fue para Paul Schrader, el guionista, la mirada esquizofrénica de Travis, y su agria visión del entorno, con el solo refugio de su diario, de las cartas llenas de mentiras que escribe a sus padres, de la televisión que le comunica artificialmente con el exterior, están perfectamente justificadas.

Travis se acercará con éxito a una joven, adscrita a la organización de una campaña política, para perderla poco después por su torpeza, por la ausencia de comunicación entre los mundos que ambos representan. Después querrá morir. Morir haciendo 'algo importante', llevando a cabo una misión. Travis sueña, sin confesárselo, con la fama. Quiere encontrarse entre la multitud, saberse elegido. Necesita dar rienda suelta a sus frustraciones, acabar con las conversaciones sintéticas de la madrugada, ante un café, con algún compañero del volante, y con los días angustiosos de su vacía habitación. La presencia, el drama (igual y repetido, pero que él hace único) de Iris, una joven prostituta de trece años, le servirá de excusa, de cauce, para la canalización de sus impulsos violentos, una vez que se ha sentido fracasado en su papel de «vengador» político, y todo confluirá en una orgía de sangre antes de adoptar una cotidianeidad sin tensiones.

De la mano de Scorsese, Kobert de Niro brinda un magnífico trabajo al incorporar al solitario Travis. Sólo su presencia, su expresividad, ayudan a soportar numerosos momentos en que la tensión dramática reduce casi a cero su volumen; cuando, para expresar el cerco de la soledad, la angustia de saberse gris y sin relieve, sin importarle a nadie, el realizador utiliza exclusivamente la mirada de su protagonista, su postración, su desarme progresivo en la violencia (premeditadamente, pues para ello comprará, sin saber qué hará con ella, ana terrorífica colección de pistolas), su moral, su fe y su justificación como ser vivo. Estará a punto de convertirse en 'ángel exterminador' y será, por fin, un extraño 'ángel salvador'. La violencia, siempre execrable, no deja de tener dos caras, y Scorsese lo expone con cínica crudeza, sin ningún afán moralista, reconociendo objetivamente un hecho. Las calles de Nueva York seguirán estando llenas de basura, pese a los Travis que puedan surgir.

No es «Taxi driver» una película agradable. Excelente producto cinematográfico, con un personaje insólito tratado con originalidad y hondura, no tiene una tesis clara y sí una conclusión ácidamente desagraciable. Porque si el camino para la solución de la soledad es la terrible cirugía de la violencia, de la sangre y las muertes, el mal no tiene remedio. Aunque haya Quien pueda disculpar el resultado por la intención.

Scorsese muestra su madurez técnica y artística, magníficamente apoyado por la fotografía de Michael Chapman y por la formidable música del ya desaparecido Bernard Herrmaiin. Pero quizá su mayor triunfo esté en la dirección de actores. Si De Niro hace lo que hasta ahora constituye el papel de su vida, tanto Jodie Foster (Iris, la joven ramera), como Cybill Sepherd o Harvey Keitel, realizan a la perfección sus respectivos cometidos.

En suma, una película interesante, desgarrada, agria y sangrienta, correctamente realizada y bien interpretada, sobre el tema, perenne, de la soledad en compañía de la violencia en la gran ciudad».

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