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Clara Lago: «Con cada película me vuelven las inseguridades»

Clara Lago: «Con cada película me vuelven las inseguridades»

La actriz madrileña estrena «Al otro lado del túnel», junto a Leonardo Sbaraglia y Federico Luppi

Día 09/08/2016 - 11.21h

Aunque se acostumbró al éxito desde muy joven -debutó a los 10 años en el cine, con «Terca vida», y en la televisión, con «Compañeros», y fue nominada al Goya con 12 por «El viaje de Carol»-, parece que Clara Lago sigue sorprendiendo. El director argentino Rodrigo Grande no sabía de su existencia cuando hizo la prueba para «Al final del túnel» en 2014, dos meses antes de que se estrenara «Ocho apellidos vascos». «Fue perfecta. Me pareció muy profesional y hoy no me imagino el filme sin ella. Tiene una gran inteligencia racional y emocional. Es un animal de cine del que uno va a escuchar hablar sesenta años más», asegura.

Leonardo Sbaraglia, compañero de reparto y protagonista de la cinta que se estrena en España este viernes, tampoco había trabajado con ella antes y quedó «muy sorprendido de su precisión, su confianza y su comodidad a la hora de trabajar e incorporar un acento ajeno como el argentino». Dice que «tiene talento de sobra», pero ella, que a sus 26 años parece que lleve ahí toda la vida, no las tiene todas consigo: «Me siento veterana y, a la vez, principiante. Con cada proyecto nuevo me vuelven las mismas inseguridades y pienso: '¡Ay Dios mío, no voy a saber hacerlo'», confiesa a ABC.

La crítica argentina, que ha aplaudido su excelente acento porteño, no parece opinar lo mismo sobre su papel de Berta en este thriller en el que ha compartido cartel, además, con actores de la talla de Pablo Echarri y el gran Federico Luppi. Un elenco lleno de estrellas para contar la historia de Joaquín (Sbaraglia), un ser solitario e inválido que vive recluido en su casa de Buenos Aires, hasta que le alquila una habitación a una joven bailarina de striptease (Lago) y su hija pequeña. Entonces descubre a un grupo de ladrones construyendo un túnel que pasa por debajo de su sotano, con el objetivo de robar un banco cercano. Su lúgubre y oscura vida da un vuelco cuando decide ejecutar un plan para frustrar los propósitos de la banda, acelerando la trama de manera vertiginosa y acercándonos a climas que recuerdan a la obra del maestro Edgar Allan Poe.

«Madre», por primera vez

«Yo, que no soy madre y no tengo ni sobrinos, nada en mi vida que pueda asemejarse a mi personaje, tuve que recurrir exclusivamente a la imaginación. Ha sido muy interesante, gratificante y divertido, más cercano al juego de lo que yo estaba acostumbrada», cuenta la actriz madrileña, que llegó a Buenos Aires habiendo recibido únicamente cinco clases para imitar el acento y, una vez allí, decidió hablar argentino todo el rato: «Cuando me lo notaban en la cafetería, se me caía la moral por los suelos, pero no desistí», recuerda. Pidió entonces a la «script» del equipo que estuviera encima suya, controlándole la pronunciación y advirtiéndole cuando no lo hacía perfectamente.

Quizá por eso el director de «Al final del túnel» la describe como «obsesiva» en su trabajo. Aunque lo cierto es que Clara Lago parece que lo ha tenido siempre muy claro, desde niña. Empezó muy fuerte, construyendo su carrera de manera inteligente. «Sin prisa pero sin pausa», aclara la actriz, que no tiene la sensación de que su vida haya sido «un no parar de currar». Cuenta que, «para no perder el tren de la normalidad durante la infancia y la adolescencia», incluso tenía pactado con sus padres y su representante, Antonio Rubiales, que no haría más de una película y una serie al año. En sus contratos establecía que no podía trabajar más de un número de días a la semana, para que no ausentarse en exceso del colegio. «Siempre he ido escogiendo bien los proyectos junto a ellos, no queriendo hacer mucho ni demasiado pronto». «Recuerdo el último año de instituto, en 2008, que tuve que rodar 'El juego del ahorcado' y dos series, 'Los hombres de Paco' y 'LEX'. Fue tal el nivel de estrés para el mismo año de selectividad, que ese año que decidí no hacer una carrera, aunque siempre lo hubiera deseado. Fue una locura», reconoce, pero «no podía estar a medias en dos cosas tan importantes».

Desde entonces, Lago continúa haciendo muchos pruebas, sobre todo para Estados Unidos, Cuenta que acaba de participar en una serie de allí, pero no da nombres. Y mientras sigue trabajando, tratando dejar atrás la alargada sombra de «Ocho apellidos vascos», aunque se «extraordinariamente afortunada de haber sido parte de ella». «Si tuviera la fórmula mágica, la repetiríamos siempre, seguro», añade.

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