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Blanca Portillo: «Intento no pasarme al lado oscuro de la vida»

La actriz protagoniza «Secuestro», un thriller en el que se mete en la piel de una prestigiosa y calculadora abogada que, cuando raptan a su hijo sordo, decide tomarse la justicia por su mano

Día 19/08/2016 - 11.00h

Aunque debutó en el teatro en 1984 y rodó su primera película en 1995, «Entre rojas», Blanca Portillo no había conseguido todavía un papel protagonista en el cine. El peldaño se le resistía incluso habiendo dado vida sobre las tablas a personajes tan complejos e importantes como Hamlet, Medea, la Virgen María o el Segismundo de «La vida es sueño». Pero la oportunidad le ha llegado ahora, a sus 53 años, con «Secuestro», un thriller en el que se mete en la piel de una prestigiosa y calculadora abogada que, cuando raptan a su hijo sordo, decide tomarse la justicia por su mano.

«Mi personaje cree que las emociones son un peligro, que la vuelven frágil y no se lo puede permitir», cuenta la actriz a ABC, sorprendida de que, «no sé por qué extraña magia de la vida», se haya visto asociada últimamente al mundo de la ley en sus trabajos: «No es la primera vez que interpreto a una abogada y todavía me queda una más por estrenar». En este largometraje se mete en la piel de Patricia de Lucas para realizar un viaje al lado oscuro por amor a su hijo, quebrantando la ley con un instinto de protección casi animal y sin prever las consecuencias. «Llevo muchos años dándole vueltas a esa frontera que existe entre acatar las normas y hacer lo que uno considera justo. Tengo ese dilema todos los días de mi vida, se lo digo en serio, e intento no pasarme al lado oscuro. La línea entre lo moral y lo inmoral, para mí, es muy importante, pero mi personaje no es capaz de ver lo que está haciendo. Yo no podría mirarme al espejo por las noches», dice Portillo.

La oportunidad de protagonizar su primera película se la ha dado Mar Targarona, que ha contado también con Jose Coronado, Macarena Gómez, Antonio Dechent, José María Pau y el joven Marc Domenech, un actor sordo de 11 años. «Decidimos enseguida que tenía que serlo de verdad, porque es imposible encontrar a un crío que sepa fingirlo. Esa discapacidad le da al personaje un punto de fragilidad y, además, fortalece la relación con su madre, que se vuelve aún más protectora. Solo había que ver a Marc con su padre de verdad, también sordo, acompañándole a todos los rodajes», recuerda la directora, que no se ponía detrás de las cámaras para dirigir una película desde su debut en 1996, con «Mor, vida meva».

La directora se ha sentido «con fuerza y seguridad» para, con este segundo filme, poner un granito de arena a un género como el thriller que parece estar de moda en España en los últimos tiempos. «Y yo tengo mucho la sensación de haber contribuido a eso desde mi productora», afirma. «Parece que en un thriller tiene que haber muertos y pistolas porque sí. Yo creo que sin ellos es mucho más complicado. En España debemos adaptarlos a los conflictos y personajes reales que se mueven aquí, para que la gente lo sienta cercano. Debemos reinterpretar las reglas de este género para adaptarlas al mundo español», añade.

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