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Raúl Arévalo, única baza española en Venecia presenta «Tarde para la ira»

Raúl Arévalo, única baza española en Venecia presenta «Tarde para la ira»

«A todo el mundo le sorprende mucho que un actor quiera dirigir, pero a nadie le extraña nada que alguien que no es nadie quiera o se ponga a dirigir», dice sobre su paso tras la cámara

Día 03/09/2016 - 13.18h

Raúl Arévalo (Móstoles, Madrid, 1979) logra su sueño en Venecia: Recibir el aplauso de la crítica para su ópera prima «Tarde para la ira», presentada en la sección «Horizontes» ?la segunda en importancia del Festival de Venecia- que es una ventana abierta a nuevas tendencias estéticas y expresivas del cine internacional. Es el único representante del cine español que compite en una de las secciones oficiales de la Mostra.

Con un Goya al mejor actor secundario por «Gordos» en 2010 y cuatro nominaciones -«La isla mínima», «Primos», «Los girasoles ciegos» y «Siete mesas de billar francés»-, Arévalo es uno de los actores del momento del cine español. Pero siempre soñó con ser director y ha luchado durante ocho años para sacar adelante «Tarde para la ira», un thriller visceral, un drama sobre la violencia enquistada, la venganza y el odio en una realidad de la España profunda. «He rodado en ambientes que conozco, en bares con serrín por el suelo en los que se juega a las cartas, donde sé el lenguaje que se habla. He buscado ese realismo y lo intento reflejar con credibilidad», explica Raúl Arévalo en conversación con ABC en Venecia donde saborea el éxito de la puesta de largo de su primera obra como director, junto a Luis Callejo y Antonio de la Torre, actores muy felicitados por su excelente interpretación.

Ambientada en la periferia de Madrid y del pequeño pueblo segoviano del que procede su familia, Martín Muñoz de las Posadas, «Tarde para la ira» es la historia de Curro (Luis Callejo) que ha sido arrestado por el robo en una joyería, con la muerte de una empleada, y pasa ocho años en la cárcel, mientras su mujer Ana (Ruth Díaz) trabaja en un bar con su hermano esperando la salida de Curro de la prisión. Uno de los clientes, José (Antonio de la Torre), un hombre reservado y solitario comienza a relacionarse con otros clientes del bar y con Ana, quien ve en José una vía de escape a su vida difícil. Descontada su condena, Curro sale de la cárcel con la esperanza de iniciar una nueva vida con Ana, pero todo cambia: Se suceden inesperados escenarios de ira, violencia y venganza.

El proyecto de la película se inició cuando, hace ya más de ocho años, Arévalo escuchó en el bar de su padre una conversación en la que algunos clientes se planteaban qué harían si su familia sufría un violento ataque. Ese fue el punto de partida de Raúl Arévalo para construir la historia de una película con 1.200.000 euros de presupuesto: «He filmado en súper 16mm, que es más caro que el digital. En España no se revela ya casi en celuloide y tuve que llevarlo a un laboratorio a Rumania. En Estados Unidos lo hacen Spielberg o Tarantino. En mi caso fue por cabezonería, por un motivo estético: ese grano del celuloide, la »suciedad« del 16 mm le da un gran realismo a la imagen».

«Tarde para la ira» tiene referencias importantes, según explica Arévalo a ABC: «El cine francés de Jacques Audiar en 'Un profeta' o 'Gomorra' de Garrone, y Carlos Saura. Escribí el guión con David Pulido, que es psicólogo de profesión y fue fundamental para ayudarme a crear los personajes, asentándolos en una realidad. Siempre quisimos hacer una historia humana y hablar de seres humanos. Pero también hablar de la parte visceral, pasional de España y de un rencor enquistado. Quise hacer un retrato sobre esto y sobre una persona que ha decidido aferrarse al odio y al rencor en su vida, dejando de lado el amor».

«Cruda, seca y áspera»

Reconoce Raúl Arévalo que una historia así, «cruda, seca y áspera», encuentra obstáculos: «A la crítica le ha gustado, pero a las grandes televisiones o grandes productores de España le da miedo, porque piensan que les va a quitar espectadores».

Pero ese saber contar una realidad, aunque sea cruda, es lo que ha gustado al director de la Mostra, Alberto Barbera, para seleccionar a «Tarde para la ira», porque es un cine de identidad: «Cuando el cine habla de la identidad, sea del género que sea, interesa y funciona. El cine de Saura funcionaba porque era español, el de Berlanga porque retrataba a España, el de Almodóvar lo mismo».

Todo el mundo le pregunta a Raúl Arévalo si se siente más actor o director. Su respuesta es de un cineasta apasionado: «Yo sueño más como director, con escenas, con planos de películas, con conversaciones de guión. Aunque disfruto muchísimo actuando, me gustaría poder compaginar perfectamente mi trabajo de actor con el de director. Ser actor me ha ayudado mucho en la dirección. Principalmente porque conozco muy bien el funcionamiento de un set. Doce años de mi vida haciendo tres películas al año y viendo cómo funciona este mundo, me tenía que servir para algo...».

Director

Con este curriculum, nadie le podrá criticar a Raúl Arévalo el salto que ha dado para ser realizador. Y ante posibles críticas se cubre citándonos una gran frase de Fernando Fernán Gómez: «A todo el mundo le sorprende mucho que un actor quiera dirigir, pero a nadie le extraña nada que alguien que no es nadie quiera o se ponga a dirigir».

Raúl Arévalo se siente «muy orgulloso de representar el cine español en Venecia», un éxito que espera poder completar en Toronto, un festival importante porque abre las puertas del mercado norteamericano.

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