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«Arma letal 2»: disparo al centro de la diana

«Arma letal 2»: disparo al centro de la diana

Este domingo ABC te ofrece la película protagonizada por Mel Gibson, Danny Glover y Joe Pesci

Día 12/09/2016 - 14.11h

Siempre que se habla de secuelas se tiende a pensar que fue peor de calidad que el original o que funcionó mal en taquilla. Bien, «Arma letal 2» es la excepción que confirma la regla. No solo fue una película más redonda como cine en sí, sino que además resultó ser un pelotazo tremendo en taquilla, pues de hecho fue la entrega que más recaudó de toda la saga con 147 millones de dólares. Lo cierto es que fue un éxito imprevisto. Sin embargo, una vez diseccionado el filme, se entiende el motivo por algunas claves sorprendentes, entre ellas porque es una película que discurre por varios carriles, incluido un subgénero dentro de otro género.

En primer lugar Richard Donner agregó una dosis mayor de comicidad con la presencia de Joe Pesci en forma de un testigo de cargo chillón y alborotador, lo que aligeró mucho la trama y le dio un gran humor al producto. Sin embargo, y a pesar de su divertimento, el argumento tenía algo de oscuro y desolador. Por ejemplo, una redención de la amargura del héroe con la presencia de un nuevo amor que se acaba perdiendo en el camino. Era una espléndida Patsy Kensit, encantadora musa, divertida y pizpireta cuando suelta aquello de «vamos a por la sexta entrada», frase que le dice a Mel en la sensual escena de la caravana, la misma que luego se convierte en un colador con la atrevida y espectacular escena del ataque del helicóptero. Luego, la oscuridad en la furia salvaje de Riggs y la dificultad del acoplamiento de la pareja policial a pesar de que cada vez son más amigos.

El tercer sendero era el género del apartheid, muy en boga en aquellos años y que fue retratado en una completa radicalidad de buenos y muy malos para dar más énfasis a esta tercera vía. El final también tenía tintes amargos. Incluso Donner había previsto la muerte de Riggs al final de la película. La alta rentabilidad del filme original y las buenas perspectivas que despertaba la secuela dieron lugar a la presión brutal de los productores, que vieron una mina de oro que no podían cerrar. Así que Riggs apareció como casi inmune a las balas en un final que esta vez sí estuvo un poco cogido entre alfileres, como si el realizador hubiese dado su brazo a torcer a regañadientes, como así sucedió. Vamos, que tal pareció que Mel Gibson tenía inmunidad diplomática...

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