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Irène Frachon: «Soy muy tranquila, pero delante de mí he visto un crimen masivo»
La directora Emmanuelle Bercot y la actriz Sidse Babett Knudsen durante la presentación hoy su película «La doctora de Brest»

Irène Frachon: «Soy muy tranquila, pero delante de mí he visto un crimen masivo»

Es la protagonista real de la película «La doctora de Brest», que abrió el Festival de Cine de San Sebastián

Día 19/09/2016 - 10.46h

Irène Fanchon es «La doctora de Brest», la protagonista real en la que se basa la película que abre la 64 edición del Festival de Cine de San Sebastián. La Erin Brockovich francesa se enfrentó contra la todopoderosa industria farmacéutica en la enésima revisión del clásico de David contra Goliat. Había vidas en juego y lo tuvo que comentar persistentemente. Qué menos. A cambio, se le rieron en la cara por paleta y la amenazaron. No sucumbió. Ahora una película intenta remover la historia que está lejos de acabar: hay 9.000 expedientes de casos abiertos pendientes de indemnización.

- ¿Cómo surgió hacer una película sobre su lucha?

- Recibí distintas propuestas a lo largo de 2010 y 2011 después de que saltara el escándalo. Me decanté por el proyecto de Emmanuelle Bercot porque su padre es cirujano cardiaco, así que está sensibilizada respecto al tema. Y porque he visto películas suyas y me parecen muy realistas y crudas. Molestan. Y es lo que me propongo

- ¿Le ha gustado el resultado?

-Para mí es una película perfecta. La actriz (Sidse Babett Knudsen) es fantástica, ya me gustaba antes. Eso ha sido un regalo para mí.

- Si las conclusiones de su estudio eran tan claras y hablamos de vidas humanas, ¿por qué se demoró tanto el proceso?

-Sabía que la industria farmacéutica era poderosa, pero no sabía hasta qué punto. Incluso a nivel de corrupción interna. Mis conclusiones estaban claras porque soy una persona muy racional, soy médico, soy técnica. Y, sin embargo, me quedé estupefacta por la censura que recibió el libro y porque me denunciaron. Además, las autoridades sanitarias francesas lucharon contra mí.

- Todo empezó en España, además.

-En España, el Mediator francés se comercializó con el nombre de Modulator. Este tipo de saciantes proviene de las anfetaminas que una vez que se ingieren generan en el cuerpo una molécula. En el 97, fueron retirados en todo el mundo porque producían problemas de valvulopatías. Esto puso furioso al laboratorio Servier que mantiene el Benfluorex, un producto con esta molécula? Pero oculta que la tiene porque sonaría mal. Lo comercializa como antidiabético en España, Italia y Francia. En marzo de 2003, se retira de España el Modulator por razones económicas, dice el laboratorio. Mientras que las autoridades sanitarias españolas (saca un documentó de un carpetón repleto) indicaron que se retira porque producen valvulopatías. En Francia no se da ninguna alerta y, entre 2003 y 2009, cinco millones de franceses lo toman. Si las autoridades francesas lo hubieran retirado a la vez que en España se hubieran salvado cientos de vida.

- ¿Ha mejorado desde entonces el protocolo para abordar otros casos parecidos?

-Es difícil responder. Los recursos de alerta ahora sí que están más atentos. Ha habido otro escándalo con un antiepiléptico que ha tenido más impacto por el impulso de mi caso con el Mediator y todo lo que ocurrió alrededor. Pero este binomio médico-industria resiste porque es muy sólido y tienen intereses comunes. Pero la opinión pública ha dejado de confiar ciegamente y se ha dado cuenta de que no puede hacerlo.

- ¿Está satisfecha con las indemnizaciones?

-No.

- Con el reconocimiento final de las autoridades francesas, ¿ha acabado la historia?

-Desgraciadamente estamos hablando de un veneno que ha causado miles de víctimas. Hay 9.000 expedientes de indemnización abiertos. Las personas están en muy distinta situación, han sido operadas y con distintos síntomas. Se aprobó una ley para indemnizarles, pero el sistema es muy complejo. Yo me dedico a pelear. Servier lleva todos estos años dedicado a no pagar, esa es su política. Y es increíble el trabajo que cuesta ir víctima a víctima, al teléfono, contestando? Yo me dedico a viajar, a pelear, porque es un recurso uno tras otro, y ellos lo que hacen es dilatar eso. Es una criminalidad de cuello blanco. Son elegantes, pero son criminales. Y yo espero que vayan a la cárcel porque se lo merecen. Es un combate.

- ¿Se sintió cómoda en el ojo del huracán mediático?

-Realmente fue un alivio. La presión existió antes, en casa. Era brutal el agobio que teníamos todos. Fue una liberación.

- ¿En quién pensó primero cuando el Gobierno le dio la razón?

-En las víctimas. Las víctimas para mí se han convertido en amigos, recibo muchos mensajes de las víctimas diarios (y enseña el móvil con una foto de una víctima, y su contestación con otra foto suya haciéndole con las manos un corazón).

- ¿Cuál fue la importancia de la prensa en apoyar su historia?

-Realmente este escándalo estaba ahogado y oculto, había mucho sufrimiento amortiguado. Esta es una manera de ver que yo no estoy sola, que hay un ejército de periodistas conmigo. En París, en el pre-estreno, estoy segura que la sala estará llena de periodistas que van a llorar como magdalenas.

- ¿Era una persona luchadora o la causa le obligó?

-Nunca he sido militante. Soy muy tranquila, pero delante de mí he visto un crimen masivo. Y eso ha sido una explosión que me ha cambiado la vida por completo.

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