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San Sebastián: el cachondo Vigalondo y una gigantesca y monstruosa Anne Hathaway
Nacho Vigalondo

San Sebastián: el cachondo Vigalondo y una gigantesca y monstruosa Anne Hathaway

«Colossal» sorprende por su increíble desfachatez argumental y extravagante sentido del humor

Día 21/09/2016 - 00.50h

Nacho Vigalondo tiene algunas virtudes como director que lo hacen atractivo para cinematografías musculadas y para estrellas propicias a asumir algún riesgo. Tiene gracia, creatividad, ingenio y no parece importarle poner a su cine a caminar, aunque sólo sean unos pasos, por una cuerda floja y cimbreante, y no hay que invertir en él grandes cantidades de dinero porque es pura alma serie B. Acaba de presentar en el Festival de San Sebastián, fuera de concurso, su última película, «Colossal», y se considere buena, regular o mala, no hay más remedio que aceptarla como un ejercicio muy gracioso, ingenioso y hasta profundo de funambulismo. Hay momentos en ella, tan extravagantes y divertidos, que dan ganas de aplaudir su osadía argumental y la entrega de su estrella convencida, una Anne Hathaway que se ha tenido que morir de risa contándoles la sinopsis a sus amigos antes del rodaje. La historia encuentra en su inverosimilitud el mejor punto de conexión con la válvula de escape del espectador: Anne Hathaway es una chica desastre, que pimpla y pierde el oremus como ese amigo impresentable que todos hemos tenido alguna vez. Pero sus curdas tienen consecuencias trágicas, porque está «conectada» a un monstruo gigantesco que arrasa la ciudad de Seul; o sea, como el efecto mariposa: ver a Anne Hathaway moviendo brazos y piernas en un pueblucho estadounidense, y al monstruo imitándola en Seul mientras destroza la ciudad y aterroriza a la gente, es un pulso a las tragaderas del espectador, que, mientras decide de qué va eso, se muere de risa. Vigalondo no busca respuesta científica o paranormal en lo absurdo que plantea, sino que disfrutes de su ingenio e imaginación, y si quieres pues le das una vuelta a ver qué hay detrás de ello en todo lo que rodea la historia, una frustración infantil, un desengaño avinagrado, un novio pepito grillo, un amigo robotizado?

Dentro de la competición, el programa ofrecía dos películas que hablaban de laadolescencia como ese territorio salvaje en el que se adentra temporalmente el ser humano y del que no siempre sale vivo, o indemne. La adolescencia tiene más trabajo de diseño de rarezas y grabación que el tatuador de un club de fútbol. La película polaca «Playground», basada en un hecho real, se centra en dos jovencitos, en clase y a la salida de clase, en su aburrimiento, en su manejo de lo que tienen encima y alrededor, en su concepto de ellos mismos y los demás, en su gestión de la crueldad, la violencia, la irreflexión sobre sus actos y efectos, en la desfachatez de creerse con el derecho de odiarlo todo, despreciarlo, romperlo? El director, Bartosz M. Kowalski, puntúa con frialdad su narración, y te lleva a uno de los finales más terribles que se pueden imaginar, al que asiste la cámara fija afortunadamente a mucha distancia?, pero no la suficiente.

La otra película era americana, se titulaba «As you are», y es el primer largometraje de Miles Joris-Peyrafitte, sólo un poco mayor que los personajes que recoge en ella. Dos chavales inadaptados, como manda el canon de la adolescencia, que congenian porque la madre de uno y el padre del otro se emparejan. El joven director decide contarnos su historia con una estructura de declaración policial: los personajes le cuentan su versión de los hechos a la grabadora de un policía fuera de campo, lo que nos permite asistir a lo sucedido (ya nos imaginamos que nada bueno) según la perspectiva de los protagonistas, el chico, la madre, una amiga, el padre?, un «collage» que va revelando todo lo ocurrido y los sentimientos que han movido los hilos para que ocurra. Más dramática que trágica y muy elocuente de algunos de los agujeros morales de la sociedad, tan blanda y tan dura a la misma vez. Se subrayan muchos aspectos que rechinan en la manera de educar y mostrar el camino a las nuevas generaciones, aunque ninguno tanto como esa escena del padre melón enseñándole a su hijo y los amigos a disparar una pistola.

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