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Javier Bardem: «Con Bigas Luna hice escenas que con otros me he negado. Al acabar pensaba '¿Qué coño he hecho?'»
Javier Bardem, en el Festival de San Sebastián

Javier Bardem: «Con Bigas Luna hice escenas que con otros me he negado. Al acabar pensaba '¿Qué coño he hecho?'»

El ganador de un Oscar y Jordi Mollá visitan el Festival de Cine de San Sebastián para presentar «Bigas x Bigas», un testamento poético del desaparecido cineasta catalán a partir de sus propias grabaciones

Día 21/09/2016 - 19.50h

¿Qué es lo primero que le viene a la cabeza si piensa en Bigas Luna? No hace falta ni contestar. El cineasta catalán fallecido hace tres años es proverbialmente conocido por obsequiar a los espectadores (época pre-internet, sobre todo) un erotismo carnal pero refinado, a veces en su brutalidad, que no ha tenido todavía par en nuestro país. Poseedor de un universo personalísimo y simbólico, Bigas, por ejemplo, elaboró una teoría de la vida a partir de las moscas: «Que haya una mosca es indicativo de calidad de vida. La fruta está jugosa, hace buen tiempo. Si no hay ninguna es que estás en un país nórdico, con demasiada riqueza. Y si hay muchas, en el Tercer Mundo». Las moscas, como a poco bicho viviente, le interesaban. Rodó incluso un corto llamado «Collar de moscas». Y todas estas particularidades de su psique se pueden apreciar, además de sobre todo en su cine, en el documental «Bigas x Bigas», que todo un Javier Bardem y Jordi Mollá vinieron a presentar exprofeso al festival de San Sebastián.

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A partir de más de 600 horas de grabaciones íntimas por parte del propio director, la cinta es un homenaje poético a un artista de existencia apacible y hedonista. «Mi Bigas es simple, cariñoso. Hace de la vida un viaje más terrenal y simple, no tan compleja. Traduce todo a conceptos más básicos. Él te incluye, es un inclusivo. Es de las personas menos clasistas que he visto en mi vida. Todo el mundo está invitado a casa de Bigas y Bigas es la propia casa. Todo es importante y, al mismo tiempo, nada es necesario. Y lo menos necesario es uno mismo. La falta de darse un lugar porque uno mismo quiera darse un lugar. El lugar de Bigas era el no-lugar», explica el ganador de un Oscar por «No es país para viejos», coproductor del asunto, y que, según afirma rotundamente, le debe al cineasta catalán cosas bastante importantes: su mujer y su carrera.

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¿Era budista? «No creo que fuera practicante pero le interesaba mucho. Y, sin embargo, en absoluto daba lecciones a nadie. Era alguien que respetaba mucho el silencio, cosa que a mí me parece hoy en día maravilloso. Recuperar el silencio? No tenía la necesidad de ir dando cátedra. De hecho, no aguantaba a la gente que iba así por la vida», sigue Bardem, que deja paso a Mollá para soltar una reflexión llena de retranca: «Olía muy bien siempre, y es algo que a mí me obsesiona. Cuando me encuentro a un director que no huele bien, metafórica y en el sentido real de la palabra? No huele bien. Y luego están los que no huelen, ¡que no huelen a ná! Un director tiene que oler bien, no puede oler mal ni oler a nada. Y en Estados Unidos no huelen a nada. Huelen al suavizante de la camisa». A Bardem le parece que después de esto ya no hay necesidad de seguir.

Pero seguimos. Según explica el protagonista de «Jamón, jamón», «con Bigas hemos hecho cosas que nos hemos negado con otros directores». Ya sabemos a qué tipo de escenas nos referimos. «'Qué coño he hecho', pensábamos al acabar. Lo hacía todo muy fácil y sencillo. Y muchas veces decía: 'Es solo sexo, no te preocupes'. Estar con él era estar con una brisa que corre y que no te das cuenta y te está peinando». Destacan de sus rodajes: se comía bien, el hotel era chulo y se rodaba con mucho frío siempre. Para rodar este documental se han dejado guiar por lo que creen que al propio director le hubiera gustado destacar del arsenal de horas grabadas. «Soy vitalista, biofílico. Con mis películas quiero dar ganas de vivir», dice Bigas en un momento del filme. En otro, aparece Candela Peña en una mesa sentada ella sola hablando por teléfono. Y, de repente, exclama: «¡Me está grabando, será cerdo!».

El triángulo definitivo de sus prioridades eran: el erotismo, la comida y la espiritualidad. Mollá cree que Luna, si viviera, no sería cineasta, porque tenía muchos intereses. «Él decía que el cine se puede hacer con una camarita. Y David Lynch decía lo mismo al otro lado del charco, porque eran amigos», continúa el actor de Hospitalet de Llobregat, que también ahonda en la enorme afición del cineasta por la pintura: «Hay dos tipos de persona: los que pintan algo y los que no pintan nada», dice Mollá que decía Bigas. Y nos cuenta lo último que le dijo el cineasta, en este caso vía mail: «Un giorno senza culo è un giorno senza sole» («Un día sin culo es un día sin sol»).

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