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Paesa, el espía que no amó

Paesa, el espía que no amó

Una de la figuras más increíbles y misteriosas que ha generado la historia reciente de España, ya tiene su película: «El hombre de las mil caras»

Día 23/09/2016 - 17.07h

Una de las figuras más increíbles y reprobables que ha engendrado nuestro exuberante país, Francisco Paesa, tiene ya su «merecida» película. Este mito viviente, a pesar de que fingiera su muerte en 1998 publicando una esquela en «El País», ha danzado al filo de la navaja de la justicia y de los justicieros durante casi 50 años. Su tremendo carrerón comenzó en 1968, en plena descolonización española, estafando al presidente ecuatoguineano. Desde entonces no ha parado y durante su entretenida existencia fue traficante de armas internacional, mediador con los GAL, superagente secreto, le vendió unos misiles a ETA que culminaron la «Operación Sokoa»,? De lo último que se sabe es que en 2010 un magnate ruso le buscaba para ajustarle las cuentas por un sablazo de 10 millones de euros. Dirigida por Antonio Rodríguez («La isla mínima»), «El hombre de las mil caras» se estrena este viernes en nuestro país. ¿Y quién hace de este ser casi legendario y casi invisible? Eduard Fernández. «Si te esfuerzas puedes desaparecer», cantan Los Planetas. Paesa lo consiguió.

Piensen en Austin Powers haciendo muecas, vestido con los colores más estridentes, y denle la vuelta completa: aquí tienen al grisáceo y contenido Paco Paesa, más listo que el hambre. La película se ubica en la negociación para traer a Roldán de vuelta a España, en 1994, en el momento en el que el exdirector general de la Guardia Civil era el hombre más buscado de nuestro país. Resulta curioso que un personaje de este calibre no tuviera ya una película: «Sé que con anterioridad lo había intentado Enrique Urbizu e Imanol Uribe. Lo difícil es ver con qué parte de su apasionante vida te quedas. Y, de repente, un día antes del estreno en San Sebastián, aparece», cuenta Rodríguez en referencia a la entrevista de «Vanity Fair» en la que el exespía lo había vuelto a hacer justo antes del estreno. Paesa hace chas y aparece a tu lado. «Cuando me contaron lo de la entrevista, dije: '¿De verdad?'. Paesa está diciendo: 'Perdona, pero el original soy yo'». Yeepa, don Paco, claro que sí», dice Fernández.

El cineasta sevillano, que basó su filme en el libro de Manuel Cerdán «El espía de las mil caras», reconoce que se trata de un personaje extraordinario cuya moral no comparte. De hecho, viendo la película y las corruptelas que se tratan se reconoce nítidamente a una España actual que que veinte años después ha seguido sin perfeccionar los mecanismos para evitar el saqueo de las arcas públicas. «Desgraciadamente cuando leímos el libro de Cerdán, que era en 2012, daba la sensación que estábamos leyendo la tramoya de una noticia que podría saltar ese mismo día en los telediarios». Para Rodríguez hay un problema endémico que se repite una y otra vez en España, «un juego de espejos, un reflejo hacia detrás y hacia delante del país que no para de reproducirse. El problema al que me refiero tiene que ver con la Gürtel y demás. Pero no es un problema de un partido concreto, es un problema de la política y de las personas». ¿Paesa tuvo alguna causa? En la entrevista de 'Vanity Fair' le preguntan algo así como: '¿Cuál ha sido tu gran amor?' Y él contestó: 'Yo'. Eso lo explica todo. Los listos siempre son atractivos, por lo menos en el cine».

Acomplejado socialmente

Fernández ha tenido que componer un personaje desde la información «mediatizada» que se tiene del opaco Paesa y que, como apunta el director sevillano, lo escaso que hay está condicionado porque él sabía que eso iba a ser publicado. Al actor catalán le fascinó una frase que aparece en el libro de Cerdán: «Se molestó mucho porque sus padres no le enseñaron a usar los cubiertos del pescado. A mí eso me gustó. Pensé que tenía un cierto complejo de clase, unas ganas de esconder eso y aparentar ser otro. Creo que necesitaba la adrenalina del poder y del riesgo, del peligro real, para vivir. Formaba parte de su psicología».

Para el intérprete de 52 años, Paesa es un ser muy complejo y con grandeza, que oculta muchas cosas y que tiene grandes dotes para manipular. «Y, a la vez, alguien que tiene tanta facilidad en algo, un don grande, tiene que tener una gran carencia por otro lado, ¿no? Creo que humanamente, de empatía y administración del amor y las relaciones afectivas, no era su terreno». ¿Qué cree que pensará Paesa de la película? «Creo que nunca te lo diría. Por otro lado, siendo alguien que se quiere tanto así mismo, que te dediquen una película te tiene que gustar», afirma Fernández. Y si viera al espía, ¿qué le diría? «Aunque éticamente haya hecho cosas que yo pueda reprobar, desearía que estuviera contento. Vamos a dar una vuelta, a estar un rato juntos, y que diga él lo que quiera. Simplemente por ver cómo respira, cómo mira y cómo no mira, y cómo funciona».

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