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Jonás Trueba: «Estamos lejos de vivir de las películas que hacemos»

Jonás Trueba: «Estamos lejos de vivir de las películas que hacemos»

El cineasta estrena «La reconquista», su cuarto largometraje con tan solo 35 años. ABC charló con el director madrileño en el pasado Festival de Cine de San Sebastián

Día 01/10/2016 - 18.09h

Jonás es el miembro más joven de la insigne saga familiar de cineastas españoles apellidada Trueba. Con una personalidad bien marcada y enmarcada, el director de 35 años acaba de estrenar «La reconquista», su cuarta película. El realizador vuelve a transitar por su querido Madrid para hablar, en esta ocasión, de aquellos amores y desamores inolvidables, para mostrar esos pequeños-grandes momentos de tensión íntima y en los que todo lo demás da un poco igual.

- ¿«La reconquista» de qué?

Tenía el título muy a fuego. Es un título que ha tenido muchas resistencias y ha suscitado grandes debates durante el proceso, incluso entre la gente del equipo. Me parecía que era potente y quería un título fuerte y valiente, quizá un poco épico, para una película que sabía que iba a ser intimista de dos personajes todo el rato. Hasta el final quizá no se despliega en todos sus sentidos que creo que son varios. No es la reconquista del amor y, por supuesto, no es la reconquista de un país; es la reconquista de un territorio emocional.

- En tus películas da la impresión que transmites un mundo que te resulta familiar incluso vivido. Como Bayona en «Lo imposible»...

No me considero un director virtuoso, capaz de hacer lo que hace Bayona, que seguramente es espectacular. Es la clase de director que no soy por mis limitaciones e incapacidades, pero también es un tipo de cineasta y director que no quiero ser, y que disfruto que lo sean otros. No creo que cuente mi vida en mis películas. Mi vida me la dejo para mí, aunque entiendo porque lo dices e incluso me gusta que lo digas. Porque quiero que las películas se sientan como a mí me ha gustado como espectador sentir, a veces, que viendo una película el creador había pasado por eso o era algo que le importaba y era muy propio. Eso está, hay vivencia y una emoción muy profunda y muy tuya. Y tratas de resolverlo con una película. Pero me cuido muy mucho de no hacerlas autobiográficas porque eso tiene un perjuicio muy claro en los actores y los técnicos con los que trabajas, a los que yo creo que no se les puede imponer un recuerdo falseado para que ellos lo reproduzcan. Me parecería que eso sería hacerles una putada. Más bien intento crear la película con todas las personas con las que trabajo y contando algo que puede ser de todos.

- ¿Son las películas intimistas tus favoritas?

Probablemente te agotarías, es un tipo de género que hay que tener seguramente el día. Yo no defiendo un tipo de cine que además es el que yo hago, qué curioso. A mí me gusta todo tipo de cine. Vigalondo es un cineasta que es muy distinto a mí pero que admiro mucho por su manera de pensar el cine y por cómo se arriesga. Que esté haciendo una película con un monstruo y Anne Hathaway entiendo que es la película que quiere hacer, y percibo el vértigo que para él supone eso. Me pasa con cineastas de todo el mundo, que hacen cine muy diferente al mío, y cuyas películas me encantan.

- Parece que tienes una fórmula para hacer tus películas: bajo presupuesto, con los tuyos, especial cuidado a los abundantes diálogos, etc. Con este sistema que has establecido, llevas cuatro largometrajes, pero se presume un largo y fecundo recorrido, como Rohmer.

Entiendo bien lo que dices. Más que una fórmula, nosotros vamos encontrando una manera de hacer el cine y de estar en el cine, que con cada película ha ido cambiando y no sé si es sostenible. Me encantaría poder decírtelo: hemos encontrado la fórmula para trabajar como nos gusta y estar tranquilos y felices. Pero desgraciadamente, no: todavía estamos lejos de poder vivir de las películas que hacemos. No sé si lo lograremos nunca, pero me parece que es necesario aspirar a ello. Es una aspiración legítima, aunque tenga yo dudas hasta que punto es obligatorio. Y luego es verdad que he admirado en gente como Rohmer que encontraron su sistema muy férreo, o Hong Sang-soo que ves que pueden permitirse hacer muchas películas y muy rápido, las que quieren, porque han descartado mil maneras de hacer cine y han elegido una muy concreta que es la suya en la que parecen ser felices y estar cómodos, que es como inagotable. Es superadmirable y es algo a lo que me gustaría llegar. Pero no sé si he llegado todavía.

- ¿Puede ser que el problema sea España? ¿En Francia quizá te iría mejor?

No lo sé, puede ser. Uno intenta no pensar que está en el lugar equivocado porque si no te deprimes. Pero sí, creo que todos en España tendemos a pensar que no me acompaña el país. Y, sin embargo, pienso que podríamos estar mucho peor. Es decir, que tengo la suerte de haber nacido en España, lo pienso mucho esto. Imagínate que te hubiera tocado nacer en un país donde no hay cine porque no hay ni cámaras. Si piensas en Europa, da pena a veces que tengamos tan poca inversión en cine.

- ¿Resulta fácil distribuir tus películas en otros países?

No es nada fácil. Aparte el cine español es un cine que no somos lo suficientemente exóticos para los europeos, y para los latinoamericanos quizá no somos lo suficientemente europeos. Estamos ahí en esa especie de encrucijada-puente rara que está guay, por un lado, pero que también dificulta. Mis películas se han ido moviendo por festivales, «Los exiliados románticos» se ha distribuido por Argentina, y vas teniendo público fuera. Pero es un público pequeño. Bueno, igual que aquí.

- ¿Consideras esto una carrera de fondo?

Siempre me he considerado muy fondista. Ya en clase, en el cole, me gustaba la prueba de fondo. Porque no tenía velocidad, era muy malo en esa prueba.

- Vencías en el test de Cooper.

Sí, en esa prueba era era muy bueno. Creo que es una cosa de estar loco, que depende mucho de tu cabeza y que tu cabeza sostiene tu físico y era capaz de aguantar, aguantar y aguantar jodiendo a mis amigos más rápidos a los que al final les pasaba.

- Tus películas tiene un poso de buena canción pop, de esas sensaciones a flor de piel que llegan de una manera muy directa y a la vez ligera. Viendo la película me venía a la cabeza el grupo La Costa Brava.

Sí, sí, sí. El otro día estaba escuchando precisamente la de «Vuelvo a ser yo», que es buenísima y muy loca.

- Tu primera película se llama «Todas las canciones hablan de mí» y en las dos últimas hay una canción que tiene un papel central como de hilo conductor. ¿La música es muy importante para ti?

Hay algo en las canciones que da mucha envidia, esa capacidad que tienen de contar algo esencial. Lo he sentido muchas veces: quiero hacer una película que sea como esta canción. Y, a veces, también con un disco.

- ¿Con cuál te ha ocurrido?

Por ejemplo, hay una canción que tiene mucho que ver con esta película, aunque a priori no lo parezca, que es de Bruce Springsteen y que se llama «Bobby Jean», del «Born in the U.S.A.». Es una canción pop que si la oyes es bastante alucinante. Dura tres minutos en los que el tío no se sabe si habla a una exnovia o un amigo (hay grandes debates entre los fans sobre a quién va dirigida) y básicamente dice: «Hola. He pasado por tu casa. Tu madre me ha abierto y me ha dicho que te habías ido. Solo quería decirte que te echo de menos y que quería decirte adiós. Quizá si estás en algún motel o algo así y oyendo la radio y me escuchas cantar de esto, quiero decirte...». Es como algo muy civilizado. Lo que quiere transmitir la canción es simplemente un reencuentro con alguien para decirle adiós. Que ya sé que tendrás tu vida y que no te la quiero trastocar, pero a la vez necesito decirte que estoy por aquí y que sigo pensando en ti. Esto, que es algo tan difícil de contar, en esa canción se cuenta en tres minutos. Yo he necesitado dos horas.

- ¿Qué grupos te gustan?

No soy un gran melómano como tal. Igual que me pasa con los libros o las películas, no soy nada consumista. Es decir, no soy nada obsesivo de mil cosas. Pero sí que ha habido discos, películas y libros que me han dejado muy colgado, a los que vuelvo a ellos y los tengo muy integrados. Quizá el primer disco de mi vida en el sentido de entenderlo sería «The river», de Bruce Springsteen. Me acuerdo que mi padre me regaló el cassette y era muy pequeño. Lo he quemado. A él lo he escuchado toda la vida y veo que ahora se reivindica. Cuando era joven en ciertos círculos no era muy cool, pero ahora lo es un poco más o más de masas. Y hay un disco de Leonard Cohen que para mí fue clave, que es el de «New skin for the old ceremony» al que se le hace, de hecho, referencia en la película. Ahora soy muy fan de Dominique A.

- Ahora viene una retahíla de ataques que he escuchado sobre tu cine.

No sé si lo quiero oír.

- Te imaginarás de qué va, ya verás.

Lo sé, lo sé.

- ¿Eres un pedante?

Esa, en concreto, me parece lo más ridículo de todo lo que me pueden decir. De verdad, no lo soy. Ya, qué coño voy yo a decir, pero cero. Es que me considero tan poco pedante e intelectual e incluso cinéfilo que flipo cuando me lo atribuyen. Creo que es una vaguedad, un insulto fácil para descalificarme y que no tiene nada que ver con la realidad. Cualquiera que me conoce, lo sabe. He leído algún libro y he visto alguna película a las que soy fiel, pero no me considero nada pedante. Lo dicen porque en las películas ha habido referencias a libros. ¿Les molesta que se hable de un libro en una película o qué? Como este tío qué se ha creído, de qué va. ¿Por qué no decís nada cuando hay películas de tiros con policías matándose, con monstruos, etc. eso no es raro? ¿Qué es esto? Y son muy raras esas situaciones. Creo que es bastante asumible por cualquiera y, además, no tengo ningún interés en crear una película elevada. Porque no podría, ni aunque me lo propusiera. De verdad. Contra eso me rebelo como si me dicen que soy joven: no, ya no lo soy. Son hechos reales.

- ¿Tus personajes no hablan como se habla en la calle?

¿Los que lo dicen lo saben? Hablan como hablan algunos. Yo conozco algunos que hablan así, empezando por mí. Y me considero un ser humano que voy por la calle y hablando. Por otro lado, no tengo ningún interés en intentar retratar la calle. Para mí el cine tiene que ver con la creación y con la vida. Lo que quiero es que las películas tengan vida y tengan vidas. No tengo ningún interés en ser realista o contar un retrato social. Me interesa crear fragmentos de algo que sucede y que sea una experiencia cinematográfica rica, que la sientes viva.

- Y la última: eres un cursi.

De las tres, esta es la única que podría aceptar. Y te diría: vale, bien, no tengo ningún problema con la cursilería a priori. En esta película recuerdo que pensé: este momento es cursi y tal, y me hacía gracia, y me parecía bien. No puedes pensar en lo que digan los otros. De las tres, de la única que me haría cargo sería de esta y en algunos momentos. Tampoco me parece tan grave. Podríamos hablar de la cursilería largo y tendido quizá, no sé ni muy bien lo que es.

- ¿Qué necesitas para rodar una película?

Es difícil de resumir. Necesito poder no hacerla. Necesito poco: unos cuantos amigos que confíen y en los que yo confío, una cámara y poco más. Pero a la vez necesito algo mucho más jodido para de verdad arrancarla y mantener el pulso durante varios meses que es una necesidad de búsqueda de algo, una duda muy grande, que te alimenta, que te mantiene en vilo.

- ¿Se te ocurren muchas películas?

Todo el rato estoy viendo películas venir, las siento por momentos y se deshacen, se van y vienen. No porque se me ocurran muchas cosas, ya que creo que no soy alguien que tenga ocurrencias. He podido ser ocurrente y, a veces, lo soy, pero normalmente de las ocurrencias no me apetece hacer películas. Hay veces que le digo a un amigo: «Sería una película cojonuda, pimpampum». Pero esa nunca me animo a hacerla, porque me parece una ocurrencia. Normalmente las películas que quiero hacer son cosas que quiero contar muy bien, que siento que no la he hecho y que no la he visto, que no sé exactamente cómo va a ser, que me da medio vergüenza y vértigo. Tiene que tener algo incierto, que no he visto del todo, que me da miedo hacerla. Cuando estoy haciendo una película pienso que me va un poco ahí la vida. Y, a veces, me agobio y lo paso mal, porque tengo muchas dudas y no sé muy bien lo que estoy haciendo. Tengo días muy agradables porque hay momentos y destellos, momentos muy privilegiados, haciendo una película. Cuando haces una película es un periodo de intensidad brutal y fuerte, lo acojonante es el rato que no estamos haciendo las películas, que eso sí que es agobiante. Sientes que no estás siendo pleno. Al final, con las películas, puedes ser más tú, un tú mejor, un tú mejorado. Y si no la estoy haciendo, estoy, en realidad, desanimado.

- ¿Consultas a mujeres para escribir los personajes femeninos?

Es un gran tema y que me preocupa. Desde mi primera película, he intentado hacer personajes femeninos lo más dignos que he podido siendo yo un hombre. Has visto tantos personajes femeninos maniqueos incluso denigrantes, casi siempre hechos por directores, que intento no caer en eso. Tengo muchas amigas con las que hablo de eso, incluso amigas cineastas. Les pido consejo a veces. Me gusta hacer personajes fuertes e independientes, que me resulten atractivos. Interesantes igual que los hombres, pero sí te diré que suelo poner más interés en los personajes femeninos, probablemente porque me requieren más trabajo.

- Si has visto «Café society», de Woody Allen, ¿qué te parece el personaje de Kristen Stewart? Es que vuestras películas tienen algún punto en común y también con Clara, tu personaje protagonista.

Es muy difícil este personaje y siempre lo defiendo, incluso en los puntos complicados. Hay cosas del personaje en los que incluso la película es injusto con ella. Es un personaje herido, quebrado, frente a él, a Olmo, que es un personaje más entero y rocoso. La película de Woody Allen me decepcionó, me parecía todo de una literalidad brutal. Es un director que adoro y al que le seré fiel hasta que se muera, lo tengo claro. A lo mejor nos entierra a todos. Pero siento que ya no se deja la vida en los planos. Van pasando planos con información y tal, aunque sigue manteniendo la capacidad de generar una fábula muy bella, por otro lado. Cuando la película cierra hay algo que se te queda y piensas: ostias, qué cabrón. Te ha transmitido una sensación de cómo es la vida. Hay algo en la película que me gusta y que te diré que no está lejos de la nuestra. La nuestra creo que es más corpórea.

- ¿Has filmado una tragedia?

Es un gran tema en la película, que no está claro con qué sentimiento nos deja. La gente tiene sentimientos muy distintos respecto a ella. Y es bonito eso, y tomas nota como cineasta de que hay una parte que queda en manos del que la ve, que lo siente y lo vive de manera diferente. ¿Cómo puedes controlar eso? Tienes que aceptar que no puedes controlarlo y que va a ser una locura. En esta película, y creo que es una virtud, todo queda muy abierto. Hasta yo mismo me digo: ¿qué es esto? ¿Qué estamos contando aquí? ¿Qué estamos diciendo?. No lo tengo claro y, por momentos, me perturba.

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