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«Un monstruo viene a verme»: Sobre cómo crear niños complejos y sus fantasmas

La última película de Juan Antonio Bayona se mueve entre la cruda realidad del cáncer y el abuso escolar

Día 07/10/2016 - 09.46h

Cuando Juan Antonio Bayona leyó el libro de Patrick Ness, «Un monstruo viene a verme», quedó conmocionado. Le arrastraba a su infancia porque en ella le había gustado tanto el dibujo como al niño del relato, además de que la trama tocaba varios temas que había planteado en anteriores películas. No obstante, la adaptación del libro de Ness arrastró múltiples problemas. Eran tres asuntos diferentes (el cáncer, el abuso escolar y la fantasía) y cada uno iba por su lado, si bien todos coincidían en una misma matriz. Encontrar el equilibrio resultaba fundamental.

Es por eso que el trabajo más complejo de la película se realizó en la sala de montaje pues fue ahí donde Bayona hubo de coordinar las historias de realidad y fantasía: cuentos de hadas épicos y muy vivos con escenas íntimas y muy dramáticas, casi trágicas, del día a día de Conor, el niño protagonista del filme.

Hubo un problema añadido y es que el libro de Ness viene a su vez de unas notas que dejó la escritora Siobahn Dowd antes de su fallecimiento a los 47 años, víctima de un cáncer de mama. Dowd tenía el proyecto de esa novela, pero no pudo llegar a desarrollarla. Disponía del argumento y de algunas ideas de cómo abordar el tema, pero nada más. Denise Johnstone-Burt, la editora de Walker Brooks, una prestigiosa compañía especializada en libros infantiles, decidió seguir adelante con el libro y para ello escogió a Patrick Ness, un norteamericano afincado desde ya muchos años en Inglaterra.

El asunto es que Ness nunca tuvo claro si debía realizar el proyecto porque le parecía una idea muy íntima, una historia demasiado personal como para llevarla a cabo con ciertas garantías. Al final se arriesgó y el libro se publicó en 2011. La novela tuvo una gran éxito, tanto de crítica como de ventas. Además fue premiada con los prestigiosos premios literarios Carnegie Medal y Kate Greenaway Medal. De hecho, es uno de los libros más leídos en Gran Bretaña. Una de las claves del éxito no fue solo el relato de Ness, brillante por otra parte, sino también los dibujos de Jim Kay. El artista, que había realizado los dibujos de la edición ilustrada de «Harry Potter y la piedra filosofal», decidió embarcarse en el proyecto tras recibir un manuscrito de Ness.

El monstruo

Uno de los mayores retos a los que se enfrentó Bayona fue la creación del monstruo en sí. Según el director español, «encargamos cientos de diseños del monstruo a diversos ilustradores, pero la verdad es que ninguno nos convencía. En realidad, el problema es que todos eran demasiados fantásticos y vimos que para que la historia funcionase el monstruo debía ser muy simple y realista».

Fue por eso que volvieron a los dibujos de Kay, que proponía un árbol con forma de hombre, no un monstruo muy irreal. Aunque la base era el monstruo de Kay, se añadieron algunos detalles: la musculatura para hacerlo más a la imagen de un dios mitológico, o las ramas que parecían vello para acentuar su edad, lo que le daba una sensación de sabiduría por todo lo vivido.

Una vez diseñado el monstruo, vino lo más difícil: animarlo, darle movimientos y gestos creíbles; en suma, dotarlo de alma. Bayona asegura que desde el primer momento pensó en Liam Neeson. ¿Por qué Neeson? Según Bayona «no se me ocurría otro actor con una presencia tan rotunda y con unos gestos tan potentes. Su mirada y su voz eran imprescindibles para dar animación al monstruo».

Para realizarlo se recurrió al «motion capture». Es una técnica de grabación de movimiento que consiste en recoger (con técnicas de fotogrametría) movimientos reales de actores y convertirlos en señales para trasladarlos a un modelo digital. Al respecto, Bayona no repara en elogios para el equipo técnico y para Neeson: «El mayor reto técnico de la película era registrar la interpretación de Neeson de forma rigurosa. Lo que resultó sorprendente fue comprobar la fidelidad con la que la captura de movimientos podía trasladar su interpretación a la criatura. En ese aspecto fue increíble ver la facilidad con la que Liam se adaptó al ?motion capture?». Según el director, para Neeson fue fundamental la ayuda de sus compañeros Sigourney Weaver y Toby Kebell, que ya habían trabajado con esa técnica: «Fue alucinante ver trabajar a Neeson. Te olvidabas del asunto técnico y solo veías al monstruo», señala Bayona.

El niño

Si elaborar el monstruo fue complejo a nivel técnico, crear el personaje del niño, fue difícil a nivel emocional. En el relato de Ness se adivinaban muchas capas y aristas pues era un personaje complicado. Se podía pensar en un protagonista accesible, encantador y lleno de carisma, pero era lo contrario: hermético, triste y agresivo. Para Bayona intentar que el espectador le entendiera y empatizara con él era otro reto difícil de conseguir. Vieron a cientos de niños para el papel pero en cuanto encontraron a MacDougall supieron que sería el elegido. Lo que les convenció fue su mirada, entre dulce y dura, y ese halo de misterio que le rodea. Su interpretación es magnífica. Según los críticos, estamos ante un futuro actor senior extraordinario.

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