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Carlos Saura: «Detesto a Tarantino. La muerte no es para tomársela en broma»
El cineasta dice que los Beatles nos son música popular, que eso es «una invención que está muy bien»

Carlos Saura: «Detesto a Tarantino. La muerte no es para tomársela en broma»

El cineasta aragonés acaba de estrenar «Jota», su particular visión de la música de su terruño, que llega precisamente al inicio de las Fiestas del Pilar

Día 09/10/2016 - 00.04h

Carlos Saura gasta una mueca de cierta perplejidad circunspecta y que combina sabiamente con una bonita sonrisa como la que dibuja al decir: «La idea de que los aragoneses somos tozudos y brutos es una tontería. Tozudos puede, pero brutos ya no». El cineasta oscense acaba de estrenar «Jota», su particular visión de la música de su terruño, que llega precisamente al inicio de las Fiestas del Pilar.

¿Es la jota un invento del demonio? Eso no se lo hemos preguntado, como quizá algunos malvados hubieran querido. Pero sí hemos charlado con el director de «Ana y los lobos» sobre su nuevo trabajo jotero, evidentemente, pero también sobre otras músicas populares y otras tonadas pop que en realidad no lo son, o sobre la «ironía terrorífica» de los maños y el tardío reconocimiento de los españoles a su cine. Nobleza obliga... a hablar sin ambages. Nobleza baturra.

- Tango, fado, flamenco, ahora jota... ¿De dónde le nace el impulso para retratar las músicas del mundo?

Quizá porque me interesa mucho la música popular desde muy joven. Mi madre era pianista y viví el ambiente de la música clásica. Y, como digo desde joven, me ha interesado la música argentina, los tangos y las milongas, el flamenco de siempre o la música rusa incluso, que es una cosa quizá mucho más insólita.

- ¿Le gustaría hacer algo de música rusa?

Alguien me lo ha propuesto y no me importaría. Me voy a Rusia perfectamente. He estado en Moscú hace poco y es una ciudad estupenda, ha crecido y cambiado mucho. El concepto que hay en España de Rusia no tiene nada que ver con lo que está pasando en Rusia. Es un país floreciente y potentísimo.

- ¿La música anglosajona le interesa?

No es que no me interese, pero está mucho más alejada. La escocesa e irlandesa me interesa más, pero lo que pasa es que la música americana o inglesa lo ha inundado todo, está de lleno en nuestras vidas y también en la juventud.

- Reivindica otras músicas.

Es que es otra cosa, es una música que no se puede decir que sea popular. Los Beatles no se pueden decir que sean música popular, es una música que muy bien. No es popular, no tiene una raíz claramente popular. Es una invención que está muy bien, eran muy listos y lo hacían muy bien.

- ¿Qué tiene la jota de especial?

Tiene muchas repercusiones en otras actividades musicales en España. Creo que tiene una personalidad muy fuerte, un poco olvidada y no sé por qué factores. Y la idea nuestra es reivindicar otra vez la importancia de la jota y de las posibilidades que tiene.

- ¿Es un cineasta popular o elitista mostrando música popular?

A mí me han dicho de todo y me da igual. Ahora me respetan en España muchísimo, pero hasta hace poco no me respetaba nadie, muy poca gente. Nuestro país es muy duro, se me reconoce más fuera que aquí. Toda mi vida ha sido así, aunque ahora ya no. Ahora empiezan aquí a quererme.

- ¿Por qué cree?

Somos españoles. La envidia. No sé si era Unamuno el que decía que España era un país cainita. Eso no me lo he inventado yo, está en la tradición española de toda la vida, de Quevedo, lo ha dicho todo el mundo. Es un país difícil, en un sentido que es interesante, porque el que se crea que es un tipo muy inteligente o más listo que los demás está perdido. Le van a dar con un martillo para que se le baje la cabeza. Hay que tener cuidado, ¿no? Tiene una ventaja, que nunca te vas a poder creer que eres nadie importante en este país. No está mal tampoco.

- La jota de su película es muy refinada.

Con Miguel Ángel Berna, que ha sido mi asesor y sin él yo no podría haber hecho la película, queríamos mostrar que se puede bailar jota sin necesidad del cachirulo, las mujeres con los faldones y todo eso. Se puede bailar como vamos vestidos ahora, de una forma muy natural. Es una pena perder eso, porque le da una apertura tremenda. Esa es una reivindicación que queremos hacer: no es necesario un traje folclórico para bailar la jota, ni el flamenco o el fado. Ni las muñeiras, si quiere. Tengo un concepto distinto del folclore. El folclore es algo que se queda fijo en una época y que no se modifica. Y si no, no es folclore. Y se respeta. La idea nuestra es todo lo contrario. Hay que renovar eso, modificarlo, ir hacia delante, buscar otros caminos distintos.

- Porque la jota es algo vivo.

Es vivo y tiene una fuerza muy grande. Lo he comentado en más de una ocasión: la pasión. Hay algo ahí en la jota que tiene una fuerza que no tienen otras cosas populares españolas. De fuerza y energía.

- En Zaragoza se daba clase de jota en algunos colegios. ¿Se siguen dando?

Lo que perviven son las clases de jota en academias. Yo tengo una teoría sobre Aragón: creo que ha desperdiciado muchas ocasiones, está como aparentemente pacífica y tranquila, y no se ha movido demasiado. Parece que le gustara permanecer en un terreno neutro, entre Cataluña, el País Vasco, Andalucía, Castilla y Galicia. Y la jota se ha ido muriendo un poco. Existe pero no tiene la vigencia que podía tener, porque se ha perdido esa tradición. Tengo esa idea, habría que recuperar un poco eso. Es un ritmo fantástico y único, que se ha extendido, cuidado, por toda España. Es fantástico para festejos, para bailarlo.

- Su película muestra la sofisticación y finura de un Aragón para muchos brutal.

Somos igual de sofisticados o más. Hay un malentendido con Aragón de siempre, es una cosa que me ha preocupado muchísimo. Por ejemplo, con Goya, con Buñuel, que son aragoneses de pro, muy claramente aragoneses. Goya era capaz de todo, de hacer las cosas más bárbaras, brutales y fortísimas y también de un refinamiento exquisito. Eso es muy aragonés. Cuidado, he sido buen amigo de Buñuel, y era un tipo muy culto, refinado y delicado. Va con el carácter de muchos aragoneses. Esa idea de que somos todos tozudos y brutos es una tontería. Es un topicazo estúpido. Tozudos puede ser, pero brutos ya no. Tenemos un humor que es muy aragonés además, una especie de ironía que a veces no se entiende fuera de Aragón. Una ironía que a veces puede ser terrorífica pero que se dice de una forma natural. Es una gracia que se dice y que el otro recibe y te suelta algo parecido.

- Las jotas saltaron a los medios este verano con el famoso cante de Pablo Echenique, el de Podemos, y su sutil «Chúpame la minga, dominga». Le acusaron de machista. En su película no aparecen estas jotas tan bestiales.

Es que hay algunas letras que son terribles. Tuve la posibilidad, he recopilado ese tipo de letras pornográficas, bárbaras y brutales y, al final, decidí no ponerlo. Pensé que se salía un poco de lo que era la tónica general de la película.

- Usted ha dicho que si la realidad es la gente gritando en televisión, esa realidad no le gusta. Con la jota ha decidido mostrar las hermosas posibilidades de la jota, no ha retratado las que son barbaridades.

Lo que pasa es que normalmente cuando veo un resumen de las series de televisión en España, luego las series son diferentes. Todo el mundo está pegando gritos, todo es una tragedia, hay un drama espantoso. En 20 segundos todo el mundo está crispado, como dramático, todo el mundo grita. Y luego ves el episodio y eso pasa de vez en cuando. Pero esa es la idea, de que el público tiene que estar interesado cuando hay violencia en la pantalla. Y me molesta un poco. No tiene por qué ser. Es una de las razones por las que no me gusta nada Tarantino. Nada, no me gusta nada. Lo detesto. ¿Por qué? Porque la muerte es algo muy serio, no es para tomársela a broma. No puedes matar a la gente así como por capricho. Mato a este, a este y a este porque me divierto. No encuentro que sea divertido. Sinceramente yo no veo la diversión.

- ¿Qué dice de Imperio Argentina?

He adorado a Imperio Argentina toda mi vida. Es una maravilla como canta y lo delicada que es cantando, y lo inteligente, lo bonita y lo sensible.

- ¿Y Labordeta también sale en la película?

Es una figura fundamental del postfranquismo, es un hombre antifranquista y con una política muy clara. La canción que canta «Rosa rosae» es una preciosidad. A mí me recordaba a mi infancia, y lo que he hecho ha sido recrear un poco el colegio de mi infancia. Con el retrato de Franco, con un crucifijo y José Antonio y una pizarra. Y el Rosa, rosae. Es una relación sentimental si quieres.

- ¿Se ve con fuerzas para seguir rodando mucho más tiempo?

No lo sé, usted me dirá cómo estoy. No son tantos años, pero de momento sí.

- ¿El proyecto sobre el Guernica qué tal avanza?

Está en el aire, ha estado a punto. Dicen que está el dinero y está todo, pero hace falta un productor que tome esa decisión. En España no hay productores ahora. He tenido productores maravillosos, como Gracia Querejeta y Emiliano Piedra.

- No hay herederos.

No hay productores en ese sentido de productores.

- Ahora son las teles.

Claro, ahí está. Hay que pasar por las teles, que son un filtro terrible porque ellos quieren hacer lo que a ellos les interesa para proyectarlos. Y son cosas muy específicas.

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